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Movilidad escolar, alto riesgo

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Por: Juan Chávez

Sin consulta ciudadana de por medio, el presidente decidió que regresen a clases más de 30 millones de niños y jóvenes que desde marzo del año pasado dejaron de asistir a la escuela a causa de la pandemia de Covid-19, señala reconocido analista político.

En pleno pico de la tercera ola de contagios, las autoridades educativas se mantuvieron firmes; para algunos es una necedad, para otros una necesidad.

Después de 18 meses fuera de las aulas, los niños y adolescentes sufren un serio y tal vez irrecuperable rezago académico porque, salvo algunas excepciones, fueron muy deficientes la mayoría de los métodos de educación a distancia.

La alegría e incertidumbre por el regreso a clases se confundieron en 24 millones de menores que gradualmente regresarán a las clases presenciales a pre-escolar, primaria y secundaria.

Este regreso a clases está marcado por 3 aspectos negativos: la tercera ola de contagios de COVID-19, la falta de vacunas para los menores de edad y la decisión de la secretaría de Salud de declarar como “actividad esencial” a la educación y, por tanto, a las clases presenciales.

México no tenía clases presenciales de forma generalizada desde marzo de 2020, cuando se declaró la emergencia sanitaria por Covid-19.

Ayer lunes 30 de agosto, las escuelas reabrieron sus puertas en medio de polémica debido al número de menores contagiados y hospitalizados en esta tercera ola, pero también con la urgencia de atender el rezago educativo y la salud mental de los estudiantes.

A diferencia del ciclo escolar 2020-2021, el gobierno federal anunció que en el 2021-2022 los padres de familia podrán decidir si mandan a sus hijos a las escuelas o siguen tomando clases de forma remota.

¿Cuál es la situación de contagios en niños?

El Sistema Nacional de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes (SIPINNA) de la secretaría de Gobernación, reportó que los contagios acumulados en niñas, niños y adolescentes, con resultado positivo confirmado de SARS-CoV-2, pasaron de 84 en abril de 2020 a 65,426 en agosto de este año.

Según el informe, la cifra de contagios en menores de edad comenzó a incrementarse entre enero y marzo de este año, cuando el total de casos confirmados llegó a 49,386 y para el periodo abril-junio se tuvieron 53,983.

Los datos muestran que los menores de 12 a 17 años de edad integran el grupo infantil con más contagios (57.5%), seguido de los que tienen de seis a 11 años (23.9%) y de los de cero a 5 años (18.6%).

Por entidad, la Ciudad de México es la que registra el mayor número de contagios en menores de edad (de 12,000 a 16,000 casos), seguida de Tabasco (de 6,000 a 9,000). En tanto, Nuevo León, Estado de México y Guanajuato reportan de 3,000 a 6,000 casos, y el resto de los estados tienen de 122 a 3,000 contagios.

El que millones de estudiantes salgan a las calles, la mayoría de ellos menores de 18 años y sin estar vacunados, los pondrá en riesgo de ser infectados y facilitará la propagación de Delta entre 74% de la población mayor de 18 años que aún no está completamente vacunada.

El regreso a clases era necesario pero no inevitable y López Obrador hubiera hecho bien en postergar la fecha hasta que hubiera más gente completamente vacunada y el número de casos y muertes estuviera descendiendo.

Los niños y los jóvenes son el futuro de México. Pero hoy es un futuro en riesgo. La pandemia se está cebando en ellos y, sobre todo, los niños están siendo vacunados, en escala insignificante, por mandato judicial.

¿Qué sigue? Procurar que cundan los amparos que ordenan vacunar a la chiquillada.

Todos somos conscientes de las malas condiciones de las escuelas públicas. En muchas no hay baños y carecen de agua potable. No hay sitios para un buen desarrollo de las medidas sanitarias protocolizadas.

El riesgo para los pobres es mayor. Es de lamentarse, sobre todo, porque el día de reanudar clases presenciales tenía que llegar y el presidente, por su maldita austeridad, no atendió a esos planteles deficitarios.

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