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Variante Delta aleja el fin de la pandemia

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Por: Juan Chávez

El SARS-CoV-2 parece invencible… con su variante Delta que ha incrementado el “rebaño” de inmunidad a un 90% de la población mundial.

Es decir, casi los 7 mil 800 millones de habitantes del planeta, tendrían que estar vacunados o haber enfermado de Covid-19 para que se iniciara la era de la disminución de contagiados.

Aun así estaría latente el riesgo de contraer la Covid-19, dado que el virus no detiene su carrera mutante y aunque en forma menos severa, la enfermedad le está pegando a muchos supuestamente inmunizados del patógeno, en el orbe.

La variante Delta de COVID es tan contagiosa como la varicela, advierten en Estados Unidos que sufre diariamente en promedio 71 mil casos por día de personas contagiadas con la variante Delta.

La variante Delta de COVID es más transmisible que la varicela y el ébola, indican estudios recientes.

¿Cuándo terminará la pandemia?, es una pregunta a nivel mundial, de sus habitantes.

El nuevo peligro son las nuevas variantes. La cepa Delta es la más transmisible de las mutaciones del virus registradas hasta ahora.

La resistencia de los jóvenes a vacunarse contra el COVID-19 está siendo otro factor aprovechado por Delta para propagarse.

Eso representa un umbral “mucho más alto” que las estimaciones anteriores de 60 a 70 por ciento debido a que Delta es dos veces más transmisible, explicó Richard Franco, profesor asistente de la Universidad de Alabama en Birmingham.

“Cada vez está más claro que este es un virus muy peligroso, mucho más peligroso que el original”, advirtió.

Año y medio de pandemia, varios tipos de vacunas desarrolladas con eficacia y seguridad, un porcentaje altísimo de población europea vacunada… Y, pese a todo, van ya más de cuatro millones de muertos en el mundo y esto no se acaba.

¿Por qué? La razón fundamental por la que la pesadilla continúa radica en un hecho clave: no se ha frenado la transmisión.

Con independencia de que este virus surgió ya con muchas papeletas para ser difícil de erradicar, son tres las circunstancias que concurren en esta pandemia que suponen serios problemas para atajarla. Dos de ellos tienen solución, aunque requieren de voluntad, medios y una eficaz dirección de las medidas de control por parte de los que más saben (que, por desgracia, no suelen coincidir con los que más poder tienen).

La vacunación avanza muy lentamente. En este aspecto, no es suficiente la valoración de los datos aportados por los países occidentales. El virus no entiende de fronteras ni de rentas per cápita y son muchísimos los países en donde la vacunación es testimonial (por no decir inexistente). Hay que recordar que estamos ante una pandemia que afecta a todo el planeta. Si se frena su avance por una parte, pero se expande por otras, poco se consigue de una manera global.

¿Cómo solucionamos este primer problema? Implementando las medidas necesarias para la producción industrial de vacunas, procurando que su distribución y administración se haga de una forma homogénea por todo el planeta y dando prioridad biosanitaria a la vacunación masiva.

Pero en el mundo, los gobiernos no se ponen de acuerdo y la Organización Mundial de la Salud navega sin timonel, frente al irrefutable hecho de que las vacunas no evitan el contagio.

A eso se le suma el que no todos los tipos de vacunas protegen de igual forma frente a los diferentes tipos de variantes, por lo que puede que nos veamos en una situación de revacunación constante hasta que se encuentre la forma definitiva de atajar el SARS-CoV-2.

En cualquier caso, es fundamental tener una idea de cómo está cambiando el virus porque, como afirma Massimo Palmarini, director del Medical Research Council–University of Glasgow Centre for Virus Research, la integración de los datos epidemiológicos con los experimentales obtenidos en los laboratorios será clave para poder predecir lo que hará el virus y poder adelantarnos a sus acciones.

Pero esto es un sueño. No ha surgido siquiera la idea de una reunión mundial de alto nivel que se fije acuerdos y metas para frenar la letal carrera del virus y mientras tanto habrá que acostumbrarnos a estar atrapados por el espantoso y cansino virus.

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