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Sequía en Cutzamala por cambio climático

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La sequía en el Sistema Cutzamala se agravó: las 7 presas que alimentan al río están a menos del 50% de su capacidad

Esto se debe que no ha llovido de manera significativa en lo que va del año y no se prevén precipitaciones en los próximos días. Inclusive se avizora nulidad de lluvias en la temporada que comienza en junio.

La Comisión Nacional del Agua (Conagua) reportó que el nivel de almacenamiento de sus tres grandes presas –Villa Victoria, El Bosque y Valle de Bravo que incluso se identifica como lago, están por debajo del 50 por ciento de su capacidad: 46.2 % en promedio, cuando para estas fechas debiera ser de 69.5%.

En el lago de Valle Bravo, el agua está por tocar fondo: está en 49% cuando debería estar en 82.6% en su capacidad de almacenamiento.

El Sistema Cutzamala está conformado por las presas Tuxpan y El Bosque, en Michoacán; Colorines, Ixtapan del Oro, Valle de Bravo, Villa Victoria y Chilesdo, en el estado de México

La falta de lluvias durante este año ha contribuido a agravar el problema. De los 32 milímetros de lluvia esperados para Valle de Bravo, han caído cero; de los 50 milímetros esperados para la presa de El Bosque también han caído cero.

Solamente en la presa de Villa Victoria ha llovido el 25 por ciento de los 44 milímetros esperados para esta temporada del año; sin embargo, es la presa con menor almacenamiento de agua.

Cada segundo, el sistema llena 16 tinacos de mil litros del Valle de México; sin este increíble sistema no habría vida en el Valle de México.

Pero ahora el cambio climático deja sentir sus dinámicos efectos en esa región de Cutzamala que comienza en Michoacán, atraviesa el estado de México y llega al Valle de México. Los deshielos en el Ártico producen el calentamiento del agua en los océanos y disminuye la evaporación que está produciendo sequías graves en gran parte del planeta.

La NASA ha distribuido fotografías donde hace notar la tremenda sequía que se registra en el centro y norte del país, y que ha sido el foco principal de los centenares de incendios forestales.

El escenario es desgarrador y prevé escasez de agua para los más de 21 millones de habitantes del Valle de México que comprende 50 municipios del estado de México, 15 de Hidalgo, cuatro de Tlaxcala y las 16 delegaciones de la Ciudad de México, marco de habitantes para el que existen dos fuentes principales para distribuir agua de tipo urbano: el sistema Lerma administrado por el gobierno de la Ciudad de México, y el sistema Cutzamala administrado por la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA).

En la segunda quincena de marzo, condiciones de sequía de modera a extrema cubrieron el total de la superficie de la cuenca del río Cutzamala.

El Sistema Cutzamala abastece una tercera parte del agua potable que se consume diariamente en la Ciudad de México.

La severa sequía alcanza el desaforado crecimiento poblacional en el Valle de México. A lo largo del siglo XX la población mexicana pasó de 13 millones 600 mil a 97 millones 500 mil habitantes, un desarrollo demográfico a tasas en torno al 3 % anual entre 1940 y 1980, años en que se dio la concentración de habitantes en la Zona Metropolitana con el fenómeno de asentamientos humanos irregulares al por mayor.

Otro fenómeno que acelera la sequía son los subsidios a los combustibles fósiles, que muestran la retórica de los gobiernos con promesas climáticas plagadas de mentiras y engaños.

Las sequías se recrudecerán debido al cambio climático. Si las temperaturas suben entre 2 y 3 grados centígrados, provocarán escasez de agua a entre mil millones 100 mil y 3 mil millones 200 mil de personas en los próximos años.

Durante miles de años, los seres humanos hemos podido vivir sin petróleo, sin coche, sin refrigerador, incluso sin el euro y sin ordenador. Pero ningún ser humano ha podido vivir nunca sin agua. Por eso a nada tememos tanto como a la falta de agua.

Junto con las inundaciones, las sequías matan a más gente y ocasionan mayores pérdidas económicas que cualquier otro desastre natural.

La sequía avanza de forma lenta y progresiva, por eso sólo se manifiesta con claridad cuando ya estamos inmersos en ella y sufrimos sus efectos devastadores. Cada pequeña fracción de un grado en el aumento del calentamiento global importa y las consecuencias para las comunidades pueden ser catastróficas.

La sequía tiene un impacto directo y notable en los ecosistemas, en la salud de las personas, en millones de afectados por la malnutrición y las hambrunas debido a las sequías que acaban con las cosechas, por el aumento de la inseguridad alimentaria y la pobreza, por la escasez de agua y las olas de calor, por el agravamiento de las tensiones y los disturbios sociales, por los incendios forestales.

Sin embargo, pese a la magnitud de los daños, la sequía no figura aún entre los temas más prioritarios y la población no tiene conciencia de los impactos. ¿Por qué?

Los gobiernos financian el cambio climático en lugar de frenarlo. Los gobiernos siguen proporcionando subsidios por valor de miles de millones a las empresas que producen y queman combustibles fósiles, cuyos gases de efecto invernadero son la principal causa del cambio climático.

Las élites políticas, económicas y financieras, junto con los poderes de los estados, están intentando utilizar el cambio climático en su propio beneficio. Su estrategia de adaptarse a las amenazas, sustituye a las acciones radicales que son necesarias para abordar la actual crisis climática. Renuncian a intervenir sobre las causas, intentando además oscurecerlas a la población y centrarse en los efectos del cambio climático. De esta forma se afianza el poder de las élites, las corporaciones y los aparatos de seguridad en la gestión de los impactos del calentamiento global.

Lo que sabemos y vamos conociendo no presagia nada bueno. La única incógnita reside en cómo vamos a responder. Porque somos nosotros quienes seguiremos sufriendo las consecuencias, a menos que decidamos librarnos de este sistema injusto, frenar el cambio climático e impedir sus impactos devastadores y efectos sociopolíticos.

Los subsidios a los combustibles fósiles muestran que la retórica de los gobiernos y sus promesas climáticas están plagadas de mentiras y engaños

Las concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono han seguido aumentando en los últimos años, lo que ha hecho que las temperaturas globales del planeta aumenten. A pesar de ello los gobiernos subsidian con miles de millones los combustibles fósiles.

Los años 2015, 2016, 2017 y 2018 han sido los más calientes jamás registrados, según la Organización Meteorológica Mundial. Este excepcional ritmo de calentamiento ocurre tanto en la superficie terrestre como en los océanos. La temperatura media mundial en superficie del año 2016 sigue siendo la más alta jamás registrada: 1,2 º C por encima de la temperatura de la era preindustrial (1850-1900) que se usa como referencia.

De enero a junio de 2019 se registró en la superficie terrestre y en los océanos la segunda temperatura más alta de los últimos 140 años. Sólo superada por el periodo de enero a junio del año 2016.

Las concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono han seguido aumentando en los últimos años, lo que ha hecho que las temperaturas globales del planeta aumenten. A pesar de ello los gobiernos subsidian con miles de millones los combustibles fósiles.

Los años 2015, 2016, 2017 y 2018 han sido los más calientes jamás registrados, según la Organización Meteorológica Mundial. Este excepcional ritmo de calentamiento ocurre tanto en la superficie terrestre como en los océanos.

El aumento de la temperatura es causa directa de la reducción del agua dulce disponible y de una mayor aridez. Provoca una mayor evaporación en las superficies con agua (lagos, embalses ríos y marismas) y, a su vez, las plantas necesitan más humedad ya que transpiran más. En general, las zonas secas se volverán más secas. Así lo indican algunas tendencias: Entre los años 1925 y 1999, la franja comprendida entre los cero y 30 grados de latitud norte se volvió más seca. Según esta tendencia general, el sur de Europa se está volviendo más árido.

El calentamiento del Ártico se produce a un ritmo dos veces más rápido que la media mundial y una gran parte del hielo se ha fundido. Estos cambios en el Ártico afectan también a las condiciones meteorológicas y climáticas del hemisferio norte, donde viven millones de personas. Nos enfrentamos al riesgo de que se produzca un cambio climático brusco y catastrófico.

El cambio climático está modificando los patrones de precipitación y evaporación en todo el mundo. A medida que el clima de la Tierra se calienta, las sequías cada vez serán más severas y frecuentes en las regiones con un clima más seco que se volverán más secas y con un riesgo mayor de incendios forestales. Los satélites de la NASA muestran un mundo marcado por el fuego y el humo, ritmo sin precedentes desde hace 10.000 años.

El clima influye en los incendios forestales. A su vez, los incendios influyen en el clima local al producir calor, vapor de agua y humo que contiene gases tóxicos (monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno, etc.) y partículas en suspensión, lo que afecta a la calidad del aire y trastoca la salud. El humo viaja miles de kilómetros y físicamente es indetenible..

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