Una transformación para Valle de Bravo y sus comunidades, compromiso de Dra. Michelle Núñez
7 mayo, 2021
No más obras simuladas, los acuerdos por la transformación serán tangibles: Marco Reyes
7 mayo, 2021

La pandemia no se acaba

Comparte esta entrada

Por_ Juan Chávez

Los virus constituyen el enemigo número uno de la humanidad. Para colmo, por su minúsculo tamaño, son invisibles. Cuando son infecciosos y causan la muerte, surge lo que conocemos como pandemia.

La pandemia del nuevo coronavirus ha provocado al menos 3.244.598 muertos en el mundo desde que la oficina de la OMS en China dio cuenta de la aparición de la enfermedad en diciembre de 2019, según un balance establecido por AFP el jueves 6 de mayo.

Desde el comienzo de la epidemia más de 155.126.230 personas contrajeron la enfermedad. La gran mayoría de los enfermos se recupera, pero una parte aún mal evaluada conserva los síntomas durante semanas o, incluso, meses.

Otras pandemias han sido la-gripe-española, la asiática, la de Hong Kong y el VIH conocida como SIDA, y que se estima ha causado alrededor de 25 millones de muertes en el mundo.

La historia registra grandes pandemias con millones de muertes. La peste negra, en la Edad Media, despobló a Europa y hubo una mortandad de 200 millones de habitantes en el planeta.

Pero desde tiempos antiguos se tiene conocimiento de la aparición de pandemias. Se registra, por ejemplo, la llamada peste de Justiniano en el Imperio bizantino, cuando se encontraba en uno de sus momentos de mayor esplendor,

Es la primera epidemia de peste de la que se tiene constancia. La enfermedad –y con ella el miedo y la histeria- se expandió por Constantinopla, una ciudad de casi 800.000 habitantes, a una velocidad vertiginosa. Y de allí a todo el Imperio. Incluso el propio Justiniano fue víctima de la peste, aunque terminó recuperándose.

Al final de la epidemia, la capital imperial había perdido casi el 40% de su población, y en todo el imperio se había cobrado la vida de 4 millones de personas. Las consecuencias económicas fueron catastróficas, pues hubo momentos en que el número de muertos superaba el de vivos.

Muchos historiadores ven en este debilitamiento del Imperio bizantino una de las líneas divisorias entre el ocaso de la Antigüedad y la floreciente Edad Media.

Pero ha habido otras pandemias de alta mortandad. Entre ellas, la peste negra que se asegura causó la muerte a 200 millones de personas.

Siempre, los virus se hospedan en animales como intermediarios para infectar a los humanos. En el caso de la peste negra, fueron las ratas, que casi convivían con los humanos entre 1346 y 1353, lo mismo en tierra que en el mar, a bordo de los barcos.

Sin embargo se ignoraba por completo tanto sus causas como su tratamiento. Esto, junto con la gran velocidad de propagación, la convirtió en una de las mayores pandemias de la historia. Hasta 5 siglos más tarde no se descubrió su origen animal, en este caso las ratas.

Los números que dejó tras de sí esta epidemia son estremecedores. Por ejemplo, según los datos que manejan los historiadores, la península Ibérica habría perdido entre el 60 y 65% de la población, y en la región italiana de la Toscana entre el 50 y el 60%. La población europea pasó de 80 a 30 millones de personas.

La viruela negra, que los conquistadores llevaron al Nuevo Mundo, diezmó Europa y América. Con una antigüedad de por lo menos 10 mil años, es extremadamente contagiosa, y diezmó a la población mundial desde su aparición.

Afortunadamente, es una de las dos únicas enfermedades que el ser humano ha conseguido erradicar mediante la vacunación. Precisamente, fue luchando contra la viruela que se descubrió la primera vacuna.

Primero, lady Montagu hizo unas observaciones claves en Turquía y, casi 100 años más tarde, Edward Jenner probó científicamente su eficacia. En 1977 se registró el último caso de contagio del virus, que desde entonces se considera extinguido.

Otras pandemias han sido la-gripe-española ya apuntada, la asiática, la de Hong Kong y el VIH conocida como SIDA, y que se estima ha causado alrededor de 25 millones de muertes en el mundo.

Los animales siempre han sido el intermedio para contaminar a los humanos, como es el caso de la pandemia de la Covid-19 que, de acuerdo con los científicos, fue transmitida de un murciélago a un pangolín que también es hospedero del Sars-Cov en tanto el murciélago lo es del Sars-Cov-2.-

La combinación de ambos Sars, sin embargo, no se descarta como la provocadora de la Covid-19 que ya ha cobrado la vida de más de 3 millones de habitantes del mundo.

Todas las investigaciones situaban al murciélago como el animal que habría originado el coronavirus en un mercado de Wuhan. Sin embargo, los investigadores de la Universidad Agrícola del Sur de China han apuntado en otra dirección: el pangolín. Este mamífero es uno de los que más explotación existe en Asia pese a que está protegido por varias leyes internacionales. Es considerado un manjar en la gastronomía y sus escamas tienen propiedades medicinales.

El pangolín es lo que conocemos como oso hormiguero.

Las vacunas contra Covid-19 están en franca carrera con las variantes y mutaciones del Sars-Cov-2 que para la ciencia se cuentan ya por cientos y son consideradas como más peligrosas por su rapidez de contagio.

El caso de la India es dramático. Una variante la tiene sumergida en contagios que se cuentan por cientos de miles en el segundo país más habitado del planeta.

En México, las cifras fatales, al 6 de mayo eran 218.007 muertos con 2.355.985 de casos.

El despliegue de la vacuna en México ha sido dolorosamente lento. Se han aplicado casi 20 millones de dosis a adultos mayores, personal de salud y maestros.

Una cifra baja si se estima que son dos dosis y que tan solo los adultos mayores, según INEGI, suman más de 16 millones.

Los analistas de la salud dicen que el objetivo original de vacunar al menos a dos tercios de la población para agosto es una fantasía, y que los esfuerzos de inoculación se extenderán hasta bien entrado el próximo año.

Por tal razón surgió el turismo de vacuna y suman millones los mexicanos, incluidos los que viven en ciudades fronterizas, que han cruzado la frontera para ser vacunados del otro lado del río Bravo, sin exhibir documentos de residencia. Basta con la identificación que es el pasaporte.

Ni modo, el mexicano siempre le busca… aunque la pandemia no acaba.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *