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Desaparecer outsourcing es jaque al T-MEC; mate a México.

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Desaparecer el outsourcing o regularlo en extremo, resultará la desaparición del trabajo para muchos mexicanos.

La subcontratación es una forma de generar empleos, que existe en muchos países y que en México surgió precisamente como fuente de puestos de ocupación.

Fue una manera que se encontró para generar empleos y en la parte laboral del T-MEC figura como puntal en el apartado laboral.

La filosofía de la propuesta es restringir, más de lo que ya está, la libertad de contratación. Como todas las malas leyes, esta viene cargada de buenas intenciones. Dicen sus impulsores que busca proteger los derechos de los trabajadores, pero la única consecuencia previsible será una pérdida de empleos y una menor competitividad de las empresas.

La subcontratación u outsourcing, es una práctica habitual en el mundo. Las empresas logran con ella ahorros en costos, aumentos de eficiencia, concentración en sus áreas fundamentales de actividad, disponibilidad de personal en momentos críticos y acceso a equipos de trabajo especializados.

La decisión sobre cuándo o cómo recurrir a ella, en lugar de ampliar la plantilla propia, debe ser de las empresas o de los trabajadores, que pueden rechazar ofertas que no les convienen. Dársela a un gobierno, y más a un gobierno de ánimo prohibicionista, solo reducirá la competitividad de las empresas.

Hay muchas formas de subcontratación. Una de las razones por las que hemos visto un rápido desarrollo y producción de vacunas contra el covid en los países desarrollados es, precisamente, por su flexibilidad de contratación y subcontratación.

La firma estadounidense Pfizer subcontrató a la alemana BioNTech, con investigaciones avanzadas en inmunoterapia contra el cáncer, para lograr un más rápido desarrollo de su vacuna. Más tarde subcontrató a la francesa Novartis para producir millones de dosis de esta vacuna en una planta en Suiza.

Todas las empresas de vacunas están subcontratando personal de producción y apoyo. Saben que habrá una gran demanda en los próximos meses, pero también que con el tiempo la producción de todas las vacunas inundará el mercado. Deben ampliar producción hoy, a sabiendas de que después tendrán que reducirla.

México ha recibido por dos ocasiones, del laboratorio argentino mAbxience, volúmenes considerables de la sustancia activa para que el laboratorio mexicano Biomont haga el terminado de la vacuna anti Covid.19 de AstraZeneca Oxford.

Los laboratorios han firmado subcontratos con laboratorios investigadores de Suiza, Gran Bretaña, Francia. Es decir, la figura outsourcing ha cobrado importancia toral en la fabricación del biológico destinado a combatir al coronavirus.

Si la preocupación de los políticos mexicanos es que se respeten los derechos de los trabajadores, esto ya lo establece la actual legislación. Cualquier trabajador tiene derecho a ciertas prestaciones, sin importar su forma de contratación. La ley mexicana, además, obliga a la empresa subcontratante a responder por los derechos de los trabajadores de la subcontratista, regla que no existe en muchos países.

Desaparecer outsourcing es jaque al T-MEC; mate a México.

En este contexto, resultaría suicida que las autoridades nacionales insistieran en desaparecer y criminalizar el outsourcing, una actividad que no sólo es legal y genera empleos formales en nuestro país, sino que es utilizada con muchísima intensidad en la región de Norteamérica.

De hecho, el 92% de las empresas estadounidenses que operan en México recurren a la subcontratación como un esquema para poder conseguir de manera legal y expedita personal mexicano capacitado, lo cual permite que desarrollen sus actividades. Con la prohibición del outsourcing se afectaría muy negativamente a estas empresas, cosa que atenta contra el espíritu del T-MEC y que obra en perjuicio del nuevo proyecto que Joe Biden está intentando poner en marcha en beneficio de toda la región.

A corto plazo, puede haber conflictos legales que lleguen a las instancias internacionales fijadas en el T-MEC. Sin embargo, tal vez el peor costo a largo plazo será el desgaste político que se generará con el enfrentamiento entre México y Estados Unidos. Paradójicamente, la intención del presidente Biden es unificar a la región, no dividirla.

Otra consecuencia de la eventual eliminación del outsourcing sería que empresas estadounidenses (y de todo el mundo) dejarían de invertir dinero en nuestro país, ya que muchas de ellas no tienen los conocimientos necesarios para operar sin la ayuda profesional de una subcontratadora. Esto también resulta trágicamente paradójico, pues uno de los objetivos del T-MEC es fomentar la inversión para que nuestro país se desarrolle.

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