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El cielo es también para gays

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Si las inclinaciones sexuales abandonan la ortodoxia, para el papa Francisco el camino de la boda civil es para que la pareja pueda tener una familia y no quede en el abandono social.

Es también la flexibilidad para que las familias no discriminen o expulsen de sus seno a los hijos homosexuales, gays o lesbianas.

El señor del Vaticano se abrió de capa y abrió la puerta del reconocimiento de la Iglesia a las personas afectas a su mismo sexo para que, en pareja, puedan contraer matrimonio civil.

La teología del queer toma vida propia, como un día la teología de la liberación propició el socialismo y las guerrillas para cambiar los regímenes de las sociedades.

Es como si comparáramos el gesto papal con la cuarta transformación del presidente López Obrador.

No cambian la doctrina, pero abren paso a la inclusión y contribuye a la defensa de los derechos humanos.

“La gente homosexual tiene derecho a estar en una familia. Son hijos de Dios y tienen derecho a una familia. Nadie debería ser expulsado o sentirse miserable por ello”, se escucha decir al Papa Francisco durante una entrevista extraída del documental Francesco, estrenado el miércoles 21 de octubre.

No habló de matrimonio civil gay ni mucho menos de sacramento religioso, sólo expresó “un gesto de misericordia”, abogó por darle amparo jurídico a las parejas que viven juntas de facto e hizo un llamado a las familias “católicas” que echan a sus hijas e hijos a la calle por ser homosexuales, trans o lesbianas.

Dicen que en tan solo trece segundos, el pontífice se aventó una carambola de tres bandas que alcanzó a familias católicas y no católicas, a sacerdotes y jerarcas eclesiales y a los sistemas jurídicos civiles de las naciones.

Hubo protestas. La andanada de comentarios hostiles en redes sociales y grupos conservadores al cobijo de jerarcas eclesiásticos, enemigos acérrimos del pontífice, pidieron incluso su renuncia. Lo evidente es el prejuicio, la ignorancia y el miedo. Y es que el Papa, surgido de la orden jesuita, es un liberal que se mueve un poco fuera de la norma, que va más allá de la ortodoxia y que perfila a todos, sin discriminaciones, como hijos de Dios.

En Twitter las críticas colocan a Francisco como un “apóstata”, “ignorante de la Biblia”, “falso profeta”, “Papa socialista”, “loco”, y llegan a incitar al odio: “Con esas declaraciones, no sería extraño que tuviera un ‘probador’ de las comidas antes de ingerirlas”.

Sin embargo, los religiosos coinciden en que en que las palabras del Papa no cambian lo que la Iglesia piensa oficialmente acerca de la homosexualidad, pero abren camino a la inclusión.

Para Tomás de Aquino, ‘la homosexualidad es un desorden de la naturaleza, pero hay gente que esa es su naturaleza’.

Hay doble moral por la teoría queer nacida hace cincuenta años en Nueva York y San Francisco para oponerse a la de la liberación.

Para algunos, la declaración de Francisco en favor de los homosexuales podría abrir la ventana a un nuevo cisma de la Iglesia católica.

En palabras de la teóloga Murph Murphy: “Lo queer es una forma divina de resistencia, creación y expresión de vida”. Y como no toca la sagrada doctrina, los temores no se justifican.

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