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De mi libro Las pensiones de Dios, publicado en enero de 2011, sustraigo capítulos en los que asenté la necesidad de incrementar la cotización patronal a la cuota de retiro del trabajador.

Apunté otros temas que hoy en día se barajan como solución al espinoso y agudo tema de una pensión lastimera y engañosa para la primera generación aforera, según el gobierno, que exigirá su jubilación en 2021 (para mí será hasta el 2022).

Los mando para su publicación seriada. Ahí voy:

El IMSS gastaba un dineral en folletería de propaganda.

Pretendía mantener informada a la población derecho habiente que sumaba los mismos 40 millones de mexicanos de 2000.

Pero era tan confusa esa publicación, que el asegurado no sabía a ciencia cierta sus derechos.

No se enteraba tampoco de lo tortuoso que le significaba siempre tramitar su pensión por cesantía o vejez y menos saber a cuánto ascendería.

Ahora mismo, ya con la ley de 1997 que terminó por privatizar las pensiones, sabe menos.

Vamos, ni siquiera está enterado de que por ser cotizante desde antes de esa legislación que creó el sistema de las afores -una copia al carbón del esquema chileno- puede optar entre la pensión a “la antigüita” o la del ahorro para el retiro.

Se ha dicho tanto y escrito más de las jubilaciones, que el trabajador ignora en dónde quedó la bolita de su pensión de cesantía por edad avanzada o vejez, cuando determine ponerle punto final a su asaz vida productiva.

En el folleto “Salario base de cotización”, el IMSS, en afán de ilustrar, deslustraba.

En ese esquema la institución dictaba:

“¿Cuánto me debe descontar mi patrón para pagar la cuota del Seguro Social?

“Nada, si ganas un salario mínimo.

“Si ganas hasta tres salarios mínimos aportarás únicamente el 2.375% de tu salario.

“Si ganas más de tres salarios mínimos pagarás un 0.88% adicional en 2005. Este porcentaje irá disminuyendo cada año hasta quedar en 0.4% a partir de 2008”.

No aclaraba ni dicía que tales porcentajes se van a sumar o no al original 2.375%.

Hay que estimar que así fue y que al final del día el trabajador de la iniciativa privada está cotizando 4.75% de su salario.

Es decir, si gana 200 pesos diarios, nueve con 50 centavos se irán al SAR y el gobierno agrega un porcentaje de 1.25% del salario mínimo, en su rimbombante “cuota social”, que en el ejemplo de los 200, equivale a dos pesos con 50 centavos al día.

Las aportaciones para el retiro, no obstante, son de las más bajas en Latinoamérica.

Un análisis del órgano responsable del sistema de afores, reveló que en el país la cuota es de 6.5%, mientras que en Colombia se ubica en 16%, en Uruguay llega a 15% y en El Salvador es de 13%.

Claro, hay países que como Costa Rica con 4.3%, están por debajo de México.

La cuestión central tiene dos aristas: aumentar la cuota patronal para el retiro que es de 3.5% y conseguir que la pensión de cesantía por vejez, sea mayor de lo que tristemente se pronostica con las afores.

El patrón carga, además, con el cinco por ciento para la subcuenta de la vivienda. Todo, sin embargo, sale de la misma correa si se acepta la doctrina de que sólo el trabajo produce riqueza y que esta graciosa faena está a cargo del único que realmente se soba el lomo: el trabajador.

¿Cuánto suman?

Un piquito, si se toma en cuenta que el trabajador, con sueldos de miseria, vive siempre a la cuarta pregunta.

La otra cuenta, deducida de la cuota obrera, es la que se destina a los gastos médico- asistenciales.

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