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Coronavirus aumenta la contaminación por abuso del plástico

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Marcado como el depredador número uno de la naturaleza, el plástico recobra su fuerza y se convierte, hasta este momento en que no hay vacunas ni medicamentos para el tratamiento que lo aniquile, en la herramienta preventiva y salva vidas en millones de casos dominados por el mortal coronavirus.

El plástico, su producción, había sido señalado como dañino para la humanidad y las industrias que lo producen, empezaron a bajar sus volúmenes de fabricación.

Hoy, ya no importa si es reciclable o no: el plástico es el producto en el que se asienta el equipo de los salvadores de vida; de aquellos que exponiendo su vida, atienden a los contagiados del Covid-19.

Con el plástico convertido en acrílico transparente, el mundo está produciendo las caretas protectoras, no solo para el personal sanitario, sino para aquellos precavidos que no quieren ser infectados por el coronavirus.

Con un alto porcentaje de plástico se están fabricando en los países que arrastran la carga de millones de infectados los ventiladores o respiradores que se han vuelto indispensables para el tratamiento de los enfermos de Covid-19.

La industria plástica mexicana actúa frente a la pandemia. Los plásticos han demostrado su valor y utilidad en la lucha contra el letal virus, ya sea en los dispositivos de atención a pacientes, en los equipos de protección al personal médico, en los implementos de cuidado para la población y en la infraestructura hospitalaria.

El plástico, dirigido a la fatal desaparición porque se encontró una bolsa de ese producto en las profundidades de los océanos, es hoy la diferencia entre la vida y la muerte para muchos pacientes críticos.

Se trabaja contra reloj. Antes de la emergencia sanitaria, México contaba con 5,000 respiradores; hoy reclama una existencia mínima de 45,000 y ha comprado unas cuantas docenas a China y Estados Unidos, a precios muy altos que rebasan el millón de pesos.

El mundo se disputa los respiradores y los países que los producen, aceleran los ritmos de su producción hasta que las máquinas aguanten.

El Conacyt impulsa la producción de ventiladores; las universidades están en ensayos de producción. Con lo que hay, empresas mexicanas crean un ventilador de 10,000 dólares. El “alambrito” a la mexicana ha funcionado. El ingeniero Guillermo Domínguez Checa, del Instituto Nacional de Ciencias Médicas de Nutrición “Salvador Zubirán”, cuenta que “les llevó entre seis y ocho semanas hacer la ingeniería inversa para desarmar lo que teníamos y hacer un ventilador nuevo”.

La capacidad de manufacturarlos, sin embargo, es mínima frente a las cifras de contagio y muerte que a diario se está despachando Covid-19.

El compromiso es entregar 100 ventiladores a la semana, a partir de la primera semana de junio y los creadores del ventilador mexicano se esfuerzan por llegar a los 600 semanarios.

Respecto al costo, que no rebasará los 10,000 dólares, se ha hecho notar que en los últimos tres años se registró un alza en el costo de los ventiladores de 342%.

ACRILICO, CHIRIPAZO

El plástico es un término genérico para un gran grupo de materiales semisintéticos y sintéticos. Los plásticos consisten principalmente de uno o más polímeros mezclados con aditivos. Un polímero es una molécula grande compuesta de muchas moléculas pequeñas idénticas y unidas para formar una cadena larga.

Son moléculas tan pequeñas que a la mejor están dentro de la nanometría en que el Covid-19 es medido y figura como campeón siniestro.

Las moléculas del plástico son conocidas como monómeros y con aditivos utilizados se obtienen muchos tipos de plástico con usos diferentes y cada vez más fáciles de ser reciclados.

Para la sociedad moderna, y ahora para los hospitales del mundo, se han convertido en productos indispensables.

Uno de los termopláticos más comunes es el acrílico que están utilizando en volúmenes considerables los hospitales y las empresas, restoranes entre otras, para mantener la sana distancia entre trabajadores y consumidores de la comida en los establecimientos.

La concepción del acrílico es de anécdota. Inventado en 1933 por Otto Röhm, este intentó crear una laminación entre dos placas de vidrio para aumentar la resistencia del vidrio, pero descubrió que había desarrollado un material vidrioso completamente nuevo.

Las láminas de acrílico son fáciles de pegar y son adecuadas para el fresado, el doblado y ahora para las caretas salvadoras del contagio al coronavirus.

Un descubrimiento o invento de chiripazo que hoy se está consumiendo por millones de toneladas y que será útil durante el tiempo en el que la humanidad logre vencer a tan fiero e invisible enemigo como es el coronavirus que “llegó para quedarse”, afirma la Organización Mundial de la Salud.

El plástico es hasta ahora la buena noticia frente al criminal coronavirus.

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