Madrazo, de Culiacán

revista4Q / 22 de 10 2019 / Por Juan Chávez

El madrazo de Culiacán al gobierno de López Obrador, no es lo que el viento le hizo a Juárez, aunque así lo ande apostrofando el tabasqueño. Tampoco es otro Ayotzinapa, según la oficialista voz de Alejandro Hertz Manero, el fiscal general de la República.

El sitio de Culiacán por la fuerza y estrategia superiores que el narco demostró ante las del Ejército, deja chiquito el dicho juarista y es peor que Ayotzinapa... con todo respeto para las víctimas de los 43 normalistas desparecidos.

Hay que sumar, por supuesto, la versión que ayer martes desplegó en su edición The New York Times: Iván Archivaldo (otro hijo del Chapo) también fue liberado y orquestó la balacera y sembró el terror en la ciudad cercada por los sicarios en pro del rescate de su hermano.

Por si fuera poco, México está en camino de cerrar 2019 “como el año más violento” de la historia.

Ricardo Márquez Blas, experto en seguridad, considera que este año cerrará con el récord de más de 2 millones de delitos en el país.

El secretario de Seguridad Pública Ciudadana, hay que decirlo con todas sus letras, le ha servido a AMLO para maldita la cosa.

Él le “hechó fuego al fuego” cuando en medio de la balacera, con el Gabinete de Seguridad, hizo declaraciones desatinadas que finalmente conducirían al fallido operativo y a la liberación de Ovidio Guzmán López.

El telefonazo de Donald Trump el viernes 18, un día después de la derrota infligida por los narcotraficantes a la tropa del Ejército, no fue gratuito.

Seguramente fue para fincarle un reclamo. ¿Qué pasó?, le ha de haber inquirido molesto. También le ha de haber requerido que le pusieron a Ovidio en charola de plata para que lo “detuvieran con fines de extradición”... ¡y fallaste!

Ya se publicó, en los medios nacionales, que en lo que va del año son 25 mil 890 casos de homicidio doloso, un 2.4% más que en las fechas de 2018 y 19% más que la media de los últimos 3 años.

Alfonso Durazo ha demostrado su alta incapacidad para lograr la ansiada pacificación del país por la que claman los mexicanos y también el Presidente, que la usa como introito inseparable de sus conferencias mañaneras.

A todos, sin embargo, se les escapa que Sinaloa, y concretamente Culiacán, fue el sitio donde nació el cultivo de las drogas y que ahí, desde los arranques del siglo XX se han formado los sicarios y cárteles más inteligentes y peligrosos del país.

Culiacán, y mejor dicho Badiguarato, es la cuna del crimen organizado que ha hecho parir a los gobiernos del siglo pasado y de este, donde AMLO se consagra como campeón de las arremetidas bandas del crimen, más ahora que ha declarado que no las reprimirá.

En una circunstancia así, me preguntó ¿para qué diablos tanto sube y baja por la Guardia Nacional?

En el lucrativo e ilegal negocio de las drogas, está metido, hasta las chanclas, Estados Unidos que no solo se conforma con el libre flujo de armas de alto calibre que llegan a las manos de los narcos.

El “negocio” comenzó con la llegada de los chinos a Sinaloa. En concreto, con el arribo de inmigrante Lai Chang Wong que nació en Hong Kong alrededor de 1869.

Chang Wong llegó a México en 1911, tras una permanencia de 10 años en la Unión Americana.

Con él como principal cultivador de la droga en Badiraguato, se pactó con Estados Unidos la siembra y producción de estupefacientes. Ese pacto es real, aunque difícil de probar. Solo me atrevo a repetir que Yanquilandia requería las drogas para sus tropas que participaron en la I Guerra Mundial.

Ahora, y con lo que vivimos en Culiacán, luego del pitazo que la DEA dio a la autoridad mexicana para cazar al Chapito Ovidio, no hay quién diga ¡NOOO! al vecino que sigue regresándonos migrantes a montones...