El 68 no se perdona

revista4Q / 02 de 10 2019 / Por Juan Chávez

Me tocó vivir el 68 como estudiante y periodista. Tuve la ventaja, además, de estar cerca del presidente Díaz Ordaz en razón de que cubría para el periódico El Nacional la “fuente” de la Presidencia.


Asistía a la Facultad de Derecho, en Ciudad Universitaria, en el último intento por concluir la carrera de abogado que había comenzado años atrás.


Me tocó ser testigo de cómo el director Flores Zavala fue sacado en “silla” que dos de los huelguistas le formaron con sus brazos para ponerlo fuera de la Facultad, la última arrastrada a la huelga nacional.


Había tenido, aparte, dos acercamientos directos y personales con GDO, producto de su rudeza y de su rígido carácter que no admitía que alguien osara poner en duda el poder absoluto con que llegó a ejercer la Presidencia de la República (1964-1970).


Pertenecía a la redacción del periódico oficial del gobierno, pero eso no aquietaba mi inquietud de rascarle a la noticia y de agredir incluso al interlocutor si evadía la respuesta a mi pregunta y se iba por peteneras.


Por tres ocasiones, otra vez, interpelé a Echeverría cuando presumía en Cancún el proyecto turístico que le arrebató las tierras a los ejidatarios y los hundió en las inmundicias de las miserias.


Yo demandaba que los ejidatarios, en vez de ser expropiados de sus tierras, las aportaran como capital principal para convertirse en socios de ese ambicioso plan que les iba a propiciar, así, una vida digna, sin indigencias.


“Es el Presidente”, me reconvino mi compañero César Silva, de La Prensa al jalarme de la guayabera.


“Sí, le conteste, pero no responde a lo que por tres veces le he inquirido”.


Luego Augusto Gómez Villanueva, secretario de la Reforma Agrario, me dijo: “Tú quieres convertir al campo en una gerontocracia”.


“No; lo que demando es que el campesinado deje de ser explotado y muera de hambre”.


No había en esos tiempos periodismo de investigación y se ejercía sobre la prensa un control absoluto.


La libertad de expresión solo servía a la acción discursiva del mandamás, en un adorno inicuo y perverso de sus palabras.


Ningún medio era capaz de publicar algo contra el gobierno y menos contra el Presidente.


El gobierno no permitía que los periódicos o los noticieros de radio y televisión, con apenas una década de haber sido paridos, se le salieran del recio puño donde el mandatario los ahogaba.


Ese era el telón negro del escenario en esa administración que nace en medio de conflictos sociales y concluye asumiendo “su responsabilidad” en la masacre estudiantil de Tlatelolco.


“Responsabilidad histórica sí, culpa no”, señaló más o menos en su quinto informe, casi un año después de la noche negra de la Plaza de las Tres Culturas.


Díaz Ordaz debuta su gobierno con un conflicto: el de los médicos que paralizan el servicio en el país.


Clínicas y hospitales oficiales solo funcionan con guardias para atender emergencias.


No hay atención médica para nadie más.


Y el 9 de diciembre de 1964, está recibiendo en el despacho presidencial del Palacio Nacional a una comisión de los médicos huelguistas.


La mano dura de su gobierno está también en su voz, en su discurso siempre áspero y a veces hasta cruel. Digamos, por lo menos, que intolerable.


La comisión de los profesionistas en paro nacional, expusieron a GDO sus peticiones y él los escuchó detenidamente durante varios minutos.


Luego, les indicó habían tomado el “camino equivocado” y les señaló tiranamente que los había recibido para no dañar al pueblo necesitado de los servicios médicos.


Muchos funcionarios apenas están tomando posesión de sus encargos, les hizo notar para después, en tono severo, regañarlos por su irresponsable actitud de dejar sin servicios médicos a la población.


El orden para Díaz Ordaz es lo primordial. No concederá nada a quien pase sobre él.


Eso lo deja claro en el discurso inaugural de su mandato, cuando, pareciendo predispuesto a los acontecimientos que se le presentaran, fija su postura: no diálogo para quienes “pisoteen la Constitución”.


Desde el principio pues, GDO se revela cómo será: un Presidente que asfixiará más las libertades, empezando por las de la prensa y libre manifestación; que no permitirá huelgas ni movimientos que menoscaben la autoridad presidencial.


… “Debo respetar mi investidura y hacerla respetar; cuidar de los asuntos más graves del país y no de todos”.


El conflicto médico siguió… por bastante tiempo.


En las siguiente entrega tocaré aquel histórico y memorable movimiento estudiantil que estalló hace medio siglo.