Las 'mamacitas' del narco

revista4Q / 10 de 09 2019 / Por Juan Chávez

En Soto la Marina, el presidente López hizo un llamado desesperado a los criminales del narco, luego de mandar "¡al carajo!" a la delincuencia.

A título de ruego, pidió a los delincuentes recapacitar "por sus familias y "mamacitas".

Quiere que se conviertan en buenos y abandonen los caminos del mal que han convertido en los caminos de la violencia y la inseguridad que impera en todo el país.

A veces, vale la pena copiar. He aquí lo que le copio a Juan Manuel Asai de su columna "Códice" en el periódico La Crónica, ayer lunes:

"Un meme, ingenioso y cruel, lo sintetiza de mil maravillas: Un delincuente asalta a una señora y le pide la bolsa y el celular. La señora recuerda la fórmula recomendada por López Obrador y le dice al ratero: "no sea así, piense en su mamacita". El malandro reacciona: "tiene razón, también deme sus aretes y las pulseras para mi mamacita".

En su primer informe de gobierno, el tabasqueño no entregó buenas cuentas en sus propósitos de reducir los crímenes violentos que día a día se registran en la nación.

Pero sus expresiones van más allá del ruego; denotan la desesperación ante una realidad que se ha recrudecido y se recrudece todos los días.

Salta, sin necesidad de decirlo, el interés del gobierno por hacer contacto con los líderes de los cárteles para que le bajen a sus crímenes dolosos.

Hay necesidad de negociar con el crimen organizado, se lee entre líneas en las palabras del presidente en esa comunidad tamaulipeca.

Sostiene, y no le falta razón, que "los delincuentes están mal", que "así no es la cosa" y los llama a esa recapacitación por sus "mamacitas".

Pidió a la delincuencia decirle "fuchi", "guácala" al crimen.

Algo que no servirá para nada. Algo que al crimen organizado y sus miles de sicarios nada les importa ni les es imbuido en sus ilegales movimientos y maniobras para seguir repartiendo plomo al por mayor.

La única vez que se dio una relación gobierno-delincuentes, fue con José López Portillo que invistió como secretario de seguridad de la Federación a su entrañable amigo de la colonia Narvarte, Arturo Durazo.

Pero Durazo era traficante de drogas y mantenía contactos serios y directos con las mafias de los cárteles, de tal suerte que los concito a frenar las matanzas y ataques a las policías federales, estatales y municipales.

Y les advirtió:

“Si no le paran, se las verán conmigo”.

Y como no le pararon, un día aparecieron muertos 9 líderes de las bandas criminales y del narcotráfico en un pozo de esta ciudad de México.

Entonces si se abrió un paréntesis de paz.

A Durazo, en la campaña de López Portillo por la Presidencia, algunos periodistas afectos a las drogas, le pidieron, una noche en Aguascalientes, que les surtiera de dosis.

Pero ya se sabe la historia negra de ese Durazo que ningún parentesco tiene con el secretario de Seguridad de AMLO. El Partenón, construido en extensa superficie de Zihuatanejo pronto va a entrar a las prácticas de subasta del presidente López, que también es otro López.