El sargazo tiene historia

revista4Q / 15 de 07 2019 / Por Juan Chávez

¡Tieeerra a la vista!, gritó el vigía de la nave velera Santa María y la tripulación de los tres galeones brinco de júbilo lo mismo en proa que en popa. 

Cristóbal Colón también debió haberse emocionado. Llevaba meses navegando, cruzando el Atlántico en viaje a las Indias, de acuerdo con el propósito que le estableció a la reina Isabel II para que le autorizara la aventura; la soberana tuvo que “empeñar sus joyas” para costearle el viaje, de acuerdo con el relato de la historia.

Pero no era tierra. Estaban tocando el extenso Mar de los Sargazos y la felicidad se tornó en súbito pánico cuando la voz del jefe expedicionario volvió a estallar en el mar:

¡Replieguen velas y remen en reversa antes de que nos trague ese enorme mundo de algas que flota!

“Es un mar de algas gigantescas”, comentó uno de los marinos que temblaba del miedo ante la macabra vista.

Hay historiadores que aseguran que Colón, con La Niña, La Pinta y la Santa María, cruzó ese espantoso mar que tiene una extensión del tamaño de la tercera parte del territorio de Estados Unidos.

Ocupa casi dos terceras partes del océano con sus 5.2 millones de kilómetros cuadrados, 1,107 kilómetros de anchura y 3,200 kilómetros de longitud. Las únicas masas de tierra dentro de su espacio natural son las islas Bermudas.

Y por la forma de racimo de uvas que son las vejigas que mantienen a flote la enorme masa de algas, fue que los marinos portugueses que cruzaron el Atlántico luego del descubrimiento de América lo bautizaron como Mar de los Sargazos.

Ese mar, sin costas, está en constante movimiento circular por los vientos del Atlántico Norte y de él se desprenden los “cordones” de inmensas dimensiones que azotan en las costas de los países del Caribe.

A las costas de Quintana Roo, desde 2014, el sargazo las trae asoleadas, con la constante invasión de miles de toneladas que arriban a ellas empujadas por los vientos.

Una enorme mancha de 550 kilómetros de diámetro empapa las costas turísticas de Quintana Roo de sargazo.

Esa masa procede de las costas de la isla de Jamaica. Donde una importante acumulación de sargazo se concentró durante dos semanas al oeste de la ínsula.

Según estimaciones de la red de monitoreo de sargazo, este año llegaron a esa zona quintanarroense entre 800,000 y un millón de toneladas de la macro alga.

Han resultado afectadas, principalmente, unos 260 kilómetros de costa entre Tulum y Xcalak, en la frontera con Belice.

El sargazo está en el Océano Atlántico desde que este quedó formado hace 100 millones de años al vaciarse el histórico Océano Tetis que según leyendas se llevó al mítico continente de Atlántida.

En realidad, el mar de los Sargazos es un giro anticiclónico en el centro del norte del Atlántico que se mueve en el sentido de las agujas del reloj, como producto de las corrientes oceánicas que lo rodean. Es parte del Giro del Atlántico Norte, señalan los geógrafos.

Pero con su enorme superficie puede extenderse de horizonte a horizonte y constituir, junto con las “calmas chichas” un formidable escollo para la navegación desde la época del descubrimiento del Nuevo Continente.

Las leyendas y los mitos se han prestado para que los escritores plasmen formidables novelas.

Fueron los fenicios, quienes a través de sus viajes a las fabulosas islas Casitérides (probablemente las islas Británicas), empezaron a propagar, con el fin de evitar la competencia de antagonistas, noticias sobre la existencia de un mar situado al oeste de las Columnas de Hércules con una vegetación tan espesa que hacía encallar a los barcos que se aventuraban por esos lares.

Así, en el siglo IV a.C., el poeta romano de origen etrusco Rufo Festo Avieno compuso el poema “Ora Marítima”, en el que declamaba:

“Aquí las naves dilatadamente

Son impelidas de ningunos vientos.

Tan tarda es el agua, el mar tan perezoso,

Que confunde y espanta los ingenios;

Y hay entre las blandas fauces

De algas marinas verde pavimento

Que a veces, como yerba, de las naves

Impide el curso contra vela y remo;

Pero no obstante, no penetra

Lo profundo del mar; antes el suelo

Apenas cubre el agua, y siempre vaga

La fuerza, va su oposición venciendo…

Para muchas naves de vela, en los tiempos de las conquistas que llevaron a cabo por todo el mundo marinos aventureros de España, Portugal, Italia, Bélgica, Francia e Inglaterra, el Mar de los Sargazos fue su cementerio.

El Mar de los Sargazos, con todo, está ligado con el misterioso Triángulo de las Bermudas también llamado “triángulo del diablo”, que en el siglo 19 y aun hasta los tiempos de la Segunda Guerra Mundial fue señalado como el sitio de la desaparición oscura de barcos y aviones.

El triángulo es imaginario y va de Florida a la Bermuda y a Puerto Rico y dentro de él se hallan los inmensos volúmenes de la macro alga.

En 1945, en tiempos de guerra, se registró la primera desaparición de una flotilla de 5 aviones torpederos-bombarderos de la Navy Avenger que conformaban el vuelo 19. Con 14 hombres a bordo, la flotilla nunca regreso a su base naval.

Desde mediados del siglo 19 han desaparecido oficialmente un total de 50 embarcaciones y 20 aviones, pero otros datos inexactos y supersticiosos señalan que son 2,000 barcos y 75 aviones en los últimos 500 años.

La mayoría de los huracanes y tormentas tropicales del Atlántico cruzan por el triángulo de las Bermudas. Las corrientes del Golfo de México también influyen para crear cambios repentinos en el clima, donde la luz solar y la calma se convierten en lluvia y vientos hostiles.

El mar de los Sargazos no es mito ni leyenda. Existe y está ahí, al norte del Atlántico, desde que este océano nació. Y sigue mandando avisos de su existencia desde tiempos inmemorables. Sólo que ahora Cancún y los demás sitios turísticos de Quintana Roo luchan porque no se trague las aguas cristalinas de sus playas.

Es el encanto del existir para morir. Sin cuentos ni cuentas.