Acuerdos con EU siempre han madreado a México

revista4Q / 13 de 06 2019 / Por Juan Chávez

Ahora que el acuerdo migratorio con EU nos echó andar para levantar el “muro de la Guardia Nacional” en la frontera con Guatemala, se descolgaron de mi mente los contenidos del Tratado de Bucareli.

Recordé como Álvaro Obregón promovió tan desastroso acuerdo para que el petróleo, con el apoyo yanqui, siguiera siendo el sostén de las finanzas gubernamentales.

A pretexto de aclaraciones sobre el contenido del artículo 27 de la Constitución, los gringos respaldaron ese ignominioso pacto para México y exigieron indemnizar a sus ciudadanos y empresas que resultaran afectadas con su aplicación.

La deuda externa con la Unión Americana se disparó a las nubes y seguimos, económicamente, dependiendo del ambicioso y poderoso vecino que tenemos al norte.

Hubo, en aquellos tiempos (1923), un presidente en EU al que no se le daba el internacionalismo y alegaba que no le entendía ni madres. No obstante, surgió ese maldito pacto, aunque antes el hombre etiqueta del actual presidente López Obrador, el benemérito Benito Juárez, había “empeñado” o hipotecado la península mexicana de Baja California.

El oaxaqueño inició la bursatilización del territorio de la península, cuyos bonos están en poder de Wall Street que desde entonces, espera el momento del cobro.

La deuda externa de México con organismos financieros internacionales y con el aval de Washington está totalmente anclada a ese compromiso juarista de bursatilización.

Obregón buscaba el reconocimiento de EU a su gobierno. Eran los primeros tiempos de la posrevolución, de asonadas de uno u otro general en la disputa del poder presidencial.

Obregón mismo, ante la presión de generales y del secretario de Industria, Morones, obligó a Calles a reformar la Constitución para reelegirse y pasarse por el arco del triunfo el principio maderista de la no reelección.

El gran caudillo sonorense fue asesinado cuando ya era presidente electo y se desató la improvisación de hombres en el mando supremo del país.

Hoy estamos siendo testigos de cómo, nuestra economía, prendida con alfileres, se desploma y está a punto de hundirse en el precipicio.

Trump utilizó su guerra arancelaria para obtener lo que le importaba: el acuerdo migratorio que pugna porque México y Estados Unidos lo lleven a sus respectivos senados para convertirlo en tratado.

Nosotros, los mexicanos, nos quedaremos milando, como el chinito de uno de nuestros populares proverbios.

Aunque ya no aplique en la actualidad, porque el coloso que es China trae su propia guerra comercial, provocada obviamente por el yanqui guerejo, en una absurda pretensión por arrebatarle al antiguo país de Asia, su poderío económico y tecnológico actual.

Pero también ahora, los que tenemos un presidente que le rehúye al internacionalismo, somos los mexicanos que ciegamente aceptamos que López Obrador se declare ausente en la reunión del G20 a efectuarse el 28 y 29 de este mes en Osaka, Japón.

En su lugar, lo anunció desde antes del ominoso acuerdo migratorio, iría Marcelo Ebrard que ahora, al frente de la comisión especial para la frontera sur, anda muy ocupado como canciller y secretario suplente de Gobernación.