Criminal Desabasto de Medicinas

Con la salud no se juega

revista4Q / 27 de 05 2019 / Por Juan Chávez

El criminal rezago de medicinas al sector salud, es la mayor ofensa del gobierno de la austeridad (asesina) a la nación y, sobre todo, el golpe más bajo a los pobres que tienen necesidad, en procura de la salud, de acogerse a clínicas y hospitales del sector salud.

Con la salud, sobre todo la de los jodidos, no se juega. López, sin embargo, se echa capiruchos seguidos con ella y manda a todos a volar porque los que no lo quieren “lo atacan”. Todavía no completa los seis meses en el gobierno y ya carga con muertos, sí, los que podrá haber por falta de medicinas en el sector salud que incluye al IMSS y al ISSSTE. Claro, nadie se atreverá a denunciarlo.

Pero no hay remedio, hay que ver el espinoso asunto de la falta de medicinas y material de curación desde el “hampa del periodismo”, siguiendo los calificativos descalificadores del presidente López. Pudiera ser que donde sí preexisten prácticas hamponiles es en el gobierno federal, donde con machete y no bisturí, se trazaron los recortes del presupuesto 2019.

El 1 de junio cumplirá Obrador los primeros seis meses de un desatado gobierno en el que su voluntad es el enorme comodín de la baraja gubernamental.

Definitivamente, con la salud no se juega y el presidente, tras el desconocimiento inicial del desabasto en medicinas, al fin ayer lo admitió y ordenó “agilizar su entrega. López Obrador reconoció que si hay desabasto en algunos hospitales, pero justificó que “antes estábamos peor” y, tajante, aseguró que “no se está despidiendo a nadie del sector salud en los estados” y señaló que “es propaganda para afectarnos; “ya ven cómo es el hampa del periodismo”.

Lamentablemente, no es el mero acto físico o material de hacer llegar. El problema es severo por el adeudo del gobierno a los dueños de los laboratorios de fármacos. Principalmente el ISSSTE y en menos escala el IMSS son los que más deben en medicinas. Los adeudos de los gobiernos de los estados son también para llorar. Sin embargo, la Cámara Nacional de la Industria Farmacéutica está en la mejor disposición de participar en la solución del problema del “atoramiento” de las medicinas.

Los pagos a la industria no se han regularizado y, por otro lado, “este año no se ha tenido la compra de medicamento suficiente”, denuncia el director del organismo empresarial que congrega a los propietarios de las empresas de fármacos, Rafael Gual. Ese es el atorón que viene a subrayar que en el gobierno de López la coordinación no existe y que, como en las conferencias de prensa “mañaneras” del presidente pa’bajo todos son puro pico de cera y ojo de canica.

Hay en el país 83 hospitales parados por no contar con medicamentos y en los nacionales de la zona de Huipulco, es notaria la ausencia de materiales para los diferentes análisis de los pacientes.

Me tocó la suerte de ser uno de los aquejados el miércoles 22 en que acudí a un nosocomio de Huipulco y no pudieron practicarme un análisis dispuesto por el médico tratante “porque no hemos recibido los materiales”, me explicaron. “Nos dicen que no hay dinero”, agregaron.

Están afectados directamente, por los tijeretazos al presupuesto del sector salud, el hospital de Cancerología, Nutrición, el de Psicología Infantil, entre los especializados. Vendrá el resurgimiento de los médicos internistas en apoyo a los egresados de las escuelas de medicina de diferentes universidades que están sin recibir la “beca” o “gratificación” que recibían en su año de servicio, como obligación para titularse.

Esos egresados bien podrían haber sido beneficiados con la beca por 3 mil 600 pesos que AMLO despilfarra en uno de sus programas sociales: “Jóvenes construyendo el futuro” o en el apoyo gratis que mes con mes entrega a los ninis. Pero como todo se hace a machetazos en la actual administración, el sector salud, como lo describiera Germán Martínez en su carta de renuncia a la dirección del IMSS, pende de un hilo que el secretario de Hacienda, Carlos Urzúa, maneja a su antojo como el titiritero mayor que es.

Las medicinas, como quiera que sea, han caído en el fango de la nueva corrupción que hay que atribuir, ahora, al líder de la Cuarta Transformación. Suman, hasta hoy, 83 hospitales semiparalizados en el país, por ausencia de medicamentos. Más de 5 mil médicos residentes y pasantes de medicina que son las víctimas directas de los moches a raja tabla en el presupuesto del sector, están listos para volver al “paro” si no se atiende el problema del abastecimiento de medicinas y materiales de hospital.

En lo que va del gobierno obradorcista, se han otorgado 164 millones de pesos en contratos de adquisición de medicamentos a las cuatro poderosas empresas de fármacos de Carlos Lomelí, un cuatacho del alma de López Obrador y empresario de la industria farmacéutica. Lomelí jugó por el Movimiento Reivindicador Nacional (Morena) como candidato al gobierno de Jalisco y perdió ante Enrique Alfaro. Luego, el señor de la reivindicación nacional lo designó súper delegado de la entidad, supuestamente para manejar los programas sociales.

En otras palabras, el poder presidencial le invistió de ese poder absolutista que representan los súper representantes de AMLO en los estados. Tales contratos, desde luego, no forman parte de la adquisición consolidada de medicinas pactada en noviembre pasado y que la secretaría de Hacienda parece reticente a reconocer.

En tales circunstancias, ¿cómo ubicar los cuatro contratos otorgados al cuatacho del señor de Morena que despacha como presidente? ¿No es una forma de influyentismo? ¿No cae en los campos de la corrupción? Se ha destajado ese favoritismo a Carlos Lomelí y el presidente comprometió su palabra de respetar lo que la investigación de la secretaría de la Función Pública disponga en el nuevo caso de corrupción cabalgante. Lomelí, por supuesto, niega ser dueño de las empresas farmacéuticas favorecidas. Se hace notar que pertenecen a sus hijos. Pero la influencia presidencial está presente ¿o no? Y hay que proceder. De otra forma, los de ayer si fueron corruptos; los de ahora “son amigos”…

Con la nueva afectación al sector salud producto de la austeridad que AMLO impone a rajatabla, justo es recordar aquella huelga de médicos que Díaz Ordaz enfrentó apenas a 10 días de haber tomado posesión en 1964. La relación con el sector quedó resquebrajada y en ese mismo año de 1964, los médicos llevaron a cabo otros tres paros y, tiempos de represión al fin, en agosto la policía tomó los hospitales 20 de Noviembre, Rubén Leñero y el desaparecido Colonia de los trabajadores ferrocarrileros.

Cientos de médicos, los más activos en el movimiento, fueron despedidos y sus líderes encarcelados. Hoy no habrá represiones. En este sentido hay que reconocerle al presidente su disposición a no aplacar con las fuerzas públicas cualquier manifestación. Pero se hace necesario que actúe, que despida como súper delegado de Jalisco a Carlos Lomelí, que lo impuso ahí para hacerle sombra al gobernador Alfaro. Sobre todo ¿por qué los contratos al margen de la operación consolidada que supuestamente representa adquisición de medicinas más baratas”.