Valle de México se ahoga en crisis ambiental y política

revista4Q / 23 de 05 2019 / Por Juan Chávez

Los descalabros ambientales no se detendrán con el pomposo nuevo programa para prevenir y responder a las contingencias ambientales atmosféricas, anunciado por la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum.

Menos coches y una alerta preventiva, constituyen el súmmum del plan llevado a la mesa de las conferencias de prensa, con la advertencia de “cero preguntas”. También figura la baja de su capacidad de producción de la termoeléctrica y la refinería de Tula, ambas ubicadas a 90 kilómetros de la ciudad-capital. Las inquietudes reporteriles no venían ya al caso, las críticas de la opinión pública (columnistas y articulistas) había derrumbado, en los cinco días de crisis ambiental, el pedestal de sabia en cuestiones ambientales sobre el que asentaba su poder la señora alcaldesa de la CdMx.

Sheinbaum es doctora en ingeniería ambiental y reconocida especialista en cambio climático por la ONU, aparte de que, durante seis años, fue secretaria local del Ambiente, del 2000 al 2006. Su especialidad le estalló en la mesa de su despacho en el edificio del Ayuntamiento. Olvidó que en todas las primaveras, desde el siglo pasado, el aire de la ciudad y sus alrededores se vuelve irrespirable aunque, sin justificarla, no se tiene memoria de una crisis ambiental como la que se desató el atardecer del 10 de mayo y creció en los días siguientes, y hasta llegó a la suspensión de clases en todos los niveles escolares y estudiantiles, hasta el viernes 17 en que oficialmente se levantó la “contingencia extraordinaria”.

Extraordinaria, porque doña Claudia buscó aliviar la presión que le consumía, alegando que en el protocolo del programa anticontaminante no se contemplaban las partículas finas, las PM2.5, que son las más dañinas para la salud de los humanos. En una situación como la que se vivió en esa negra semana de contaminación ambiental, las enfermedades respiratorias suelen llevarse al panteón a miles de vivientes por afecciones respiratorias y cardiovasculares.

Aparte de que, con los contaminantes suelen salir disparadas a los aires, células cancerígenas que son absorbidas con las minúsculas y finas PM2.5 por la población. Como quiera que sea, los 21 millones de mexicanos que habitan la Zona Metropolitana se vieron afectados; los patrones reportaron una ausencia de 10 por ciento en sus plantillas laborales. El nuevo plan es un mero paliativo. Un mejoralito que no servirá para aliviar los días enrachados de atmosfera contaminada. ¡Un apagafuegos político, más que técnico! Ni siquiera, como es el caso de París y Los Ángeles, se bajó el índice de contaminación y quedó en los mismos 150 puntos IMECA (Índice Metropolitano de Calidad del Aire), salvo los 10 puntos que se descendió al contaminante de partículas microscópicas (MP2.5), que quedó en 140.

Se endureció la multa para los choferes que violen las nuevas reglas, pero se estuvo muy lejos de adoptar medidas drásticas, como las que han implementado en Latinoamérica países como Chile y Costa Rica, que han impuesto un precio al carbono (CO2 o dióxido de carbono) para meterlo a los mercados de su economía.

En una tesitura así, el carbono es objeto de comercio y el empresario industrial queda capacitado para decidir a qué precio (del carbono) va a producir. Un pequeño industrial que no consuma el carbono autorizado, podrá vender el sobrante al gran industrial que se lo demande. Eso sí opera y Colombia está a punto de sumarse al plan de asignarle un valor o un precio a las emisiones de carbono y de atacar en su origen, el problema del cambio climático. También existe el plan de señalarle impuestos a la emisión del tóxico.

LA 4T, RESPONSABLE

La crisis ambiental fue una crisis inducida. Por lo menos, fue anunciada. Los recortes del gobierno de López Obrador al presupuesto de las instituciones ambientales, fue el motor que aceleró esos días de la “contingencia extraordinaria”.

El ingeniero y ecologista Gabriel Quadri, no se anduvo por las ramas y dejó bien claro que la contingencia ambiental fue una crisis inducida, “autogenerada por el propio gobierno con sus tijeretazos a los presupuestos de las instituciones encargadas del medio ambiente “.

Se desmantelaron, declaró, sus capacidades para enfrentar la crisis. Además se están alentando los programas de quemas y desmontes con los subsidios agropecuarios que incentiva a campesinos y comuneros a desmontar e incendiar grandes extensiones de terreno.

Tal fue el origen de tanto incendio forestal en los días previos a la “contingencia extraordinaria”, precisó.

Para Quadri, el panorama creado por AMLO fue desolador y aterrador. Los recortes, incrustados en malentendida e irresponsable austeridad del gobierno, resultó “antiambientalista” y agravante de la crisis.

El presidente desapareció el programa de empleo temporal que pagaba a los brigadistas para combate y prevención de incendios forestales. También le atizó, con 40% menos, al gasto de las instituciones forestales.

Los recortes presupuestales se hicieron con machete, no con bisturí. Desde la última parte de 1989 que apareció en el mapa de la sociedad el “Hoy no circula” no ha habido mejora alguna en el aire contaminado que respiramos los 21 millones de habitantes de la ciudad de México y de los municipios del estado de México integrados al área conurbada.

Para la 4T de López Obrador, el plan de Sheinbaum es otro rotundo fracaso en sus ánimos por cambiar la realidad de México. Y si en la ciudad capital, aparte de la muy incrementada inseguridad no se da un alivio verdadero en el ambiente atmosférico, estamos fritos y muriéndonos por los altos índices de la contaminación.

El planeta se calienta peligrosamente y no es propiamente un desastre ambiental; es un reto económico y social que aumenta la pobreza, el número de conflictos entre países y la presión migratoria.

Y para lamentarnos, tenemos un presidente soberbio y obcecado en sus planes de contaminación, como son la construcción de la refinería de Dos Bocas y el nuevo aeropuerto de Santa Lucía que arrasará con árboles y tierras dedicadas a actividades agropecuarias, aparte de que se irá sobre el agua de las comunidades rurales de la zona.