En contaminación, somos chidos

revista4Q / 19 de 05 2019 / Por Juan Chávez

El jueves, la contaminación montó a México como el segundo país del mundo que más contamina. Fueron seis días continuos, del 11 hasta el 17, que los 20 millones de habitantes del Valle de México, la ciudad y 60 municipios de Edomex e Hidalgo, respiramos veneno. Los más de 100 incendios registrados en la zona, entre ellos muchos forestales, fueron señalados como los provocadores de la larga contingencia, levantada la tarde del viernes por la Comisión Ambiental de la Megalópolis (CAMe), que hasta el jueves se encontraba acéfala por omisión o porque se le dio la gana al presidente López Obrador.

De rapidito y en postura de decidir frente a la emergencia ambiental, designó a Víctor Hugo Páramo. Lo hizo sin sus acostumbrados algarabazos; imperó una discreción absolutista. De Páramo se dice que es un especialista en la materia pero no se explica por qué no le metieron a la peligrosa y artera jugada de la contaminación del aire.

Lo chido como dicen ahora las nuevas generaciones o lo chicho (chingón), como decíamos los viejos es que una medición de los aires venenosos que flotan sobre las ciudades más habitadas del universo, en una escala del 0 al 1000, ubicó a México en segundo lugar, detrás de China, con un puntaje de 866, contra 999 de China.

Lo grave para México no es la nueva negativa escalada –ya se sabe que los mexicanos somos non plus ultra para enchuecarlo todo-- , sino lo que López Obrador, con sus políticas de austeridad, se llevó en las espuelas los presupuestos de auxilio en todas las dependencias que tienen encomendada la prevención de la contaminación ambiental. Por ejemplo, les quitó 40% a la Comisión Nacional Forestal y a la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas y eliminó la nómina de trabajadores temporales dedicados a combatir los incendios forestales.

También canceló el fideicomiso que financia las actividades fundamentales de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio) y mantiene en el abandono bosques comunitarios, pago por servicios ambientales, parques nacionales y reservas de la biósfera, programas satelitales de detección de puntos de calor y proyector, vitales para la conservación de la biodiversidad y de especies en riesgos.

La embestida de López Obrador contra el medio ambiente ha implicado la inhabilitación de las instituciones para prevenir y combatir incendios forestales. La crisis ambiental es resultado de la 4T que quiere transformar al país, sin importar que la calidad del aire se convierta en azote mortal para los mexicanos.

Los empresarios reportan una ausencia mínima de 10% de sus trabajadores por enfermedades respiratorias provocadas por el fatídico medio ambiente que se expresó con espesa nata sobre el Valle de México con las partículas microscópicas fatídicas identificadas como PM 2.5 y que siempre han acompañado al ozono en la descomposición de la atmósfera.

Las viejas autoridades y las que ahora encabeza López Obrador solo atendían la contaminación del ozono por ser una “partícula grande”. Pero ahora, con las partículas finas PM2.5, que dieron lugar a la declaratoria de contingencia extraordinaria por 4 días, urge que el gobierno le entre al toro con decisión y voluntad, sin reparar en sus cerrados y obtusos criterios de una mal entendida “austeridad”.

Ya el Premio Nobel de Química, el mexicano Mario Molina ha advertido la peligrosidad de la contaminación con esas finas partículas. “Es una epidemia que hay que atender”, declaró. El estudio mundial de los Índices de Calidad del Aire, dado a conocer el jueves, en plena crisis ambiental, ubicó a México en la categoría de “peligroso” por ser el segundo país con aires más contaminados y riesgosos para la salud de los habitantes.

¿Qué dirá AMLO en su mañanera del lunes? Seguramente, como acostumbra, abrirá la boca lentamente para decir: “Son exa…gera…ciones…”.