WikiLeaks Cibernética, ¡la libertad!

revista4Q / 29 de 05 2019 / Por Juan Chávez

Aunque el fundador de WikiLeaks, detenido en una prisión de Londres, se encuentra entre la espada y la pared, ha demostrado al mundo que la libertad de expresión no tiene límites… aunque él la haya ejercido como “pirata informático”.

El espacio cibernético no corresponde a nadie. No tiene dueño. Y si Estados Unidos es la potencia en la conquista del espacio, bien podría dar muerte a su poderosa cadena satelital a través de la cual, según demostró Julián Assange, maneja sus mensajes “secretos” para mantener bajo su predominio a los países del planeta.

La ciencia informática es lo de ahora. La era digital. La automatización, la sistematización, el cómputo, el cálculo, el procesamiento de datos, el tratamiento de la información. La robótica, en fin, que está sustituyendo al hombre en muchas de sus capacidades… incluida la de pensar.

Para Assange, su aventura de difusor de cientos de miles de mensajes secretos de guerra de los Estados Unidos, parece estar escribiendo la última página de una historia que arrancó la paz y la tranquilidad a la Casa Blanca.

Donald Trump ha manifestado su inquietud e intranquilidad por el caso WikiLeaks.

Está “muy preocupado”.

El pirata informático es una pieza importante en la investigación del fiscal especial estadounidense Robert Muller sobre la supuesta injerencia rusa en las elecciones a la Presidencia de EE UU que dieron la victoria a Trump.

Según las investigaciones de Muller, Rusia está detrás del pirateo masivo de los correos de la entonces candidata Hillary Clinton.

En 1953, justamente cuando iniciaba mi carrera profesional en la Facultad de Derecho de la UNAM, Miguel Alemán presentaba su tesis sobre la controvertida propiedad de los espacios infinitos. El sostenía que México no solo era propietario del cielo que cubre su territorio, sino que la propiedad se extendía en línea recta hasta donde los hombres pudiera llegar… sin importar que tal línea tocara el Universo.

Pero fue una teoría… algo insustancial.

Assange, en cambio, sentado frente a la computadora, demostró los alcances de la comunicación inalámbrica y de paso exhibió el cúmulo de mensajes secretos que Washington tiene en sus archivos para hacer la guerra a naciones y generar inestabilidad en muchas otras.

México no queda a salvo de esa siembra de desequilibrios e inseguridades con la mensajería oculta de la nación que finca su poderío en ella.

Moscú acusó a Londres de “estrangular la libertad” al arrestar a Assange y reclama que se garanticen “todos sus derechos”.

“La mano de la democracia está estrangulando la libertad”, escribió en Facebook la portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, María Zajárova.

Julián Assange había sido detenido por la Policía Metropolitana de Londres el jueves 11 de abril, sacado prácticamente en anca de la embajada de Ecuador, donde llevaba asilado siete años y contaba con la nacionalidad ecuatoriana.

El pretexto de su detención fue la petición de Estados Unidos de extraditarlo, una vez que el presidente de Ecuador Lenin Moreno había decidido levantarle el asilo por incumplimiento de los protocolos, entre ellos la falta de atención a su mascota, un gato que el autor de WikiLeaks traía de cuello y corbata, y que terminó por gritarle al personal de la misión diplomática sudamericana que “lo cuidaran”, cuando era arrastrado por agentes de la policía.

El minino, sin embargo, había sido “expulsado” de la embajada un día antes.

El presidente ecuatoriano había, exigido, para entrega a Assange, la garantía escrita de que no fuera extraditado a un país que no le “garantizara la vida”.

Pero esto, al Reino Unido, le importa un bledo. La cuestión toral es quedar bien con su aliado de siempre.

No importa tampoco que el juez Baltasar Garzón de España considere “arbitraria y sin consistencia” la retirada del asilo político. Como defensor de Assange, consideró su detención como un “grave riesgo”; “no se puede secuestrar la opinión de un periodista”, declaró. “Hay persecución de Estados Unidos en su contra”.

Garzón ha señalado que recientemente se ha tildado a WikiLeaks como organización terrorista y que hay “motivos serios y fundados” para pensar que pueda sufrir algún tipo de tortura como la soldado Chelsea Manning fue torturada en su momento por haber sido la que suministró la clave de los códigos secretos del Pentágono y el departamento de Estado norteamericanos.

Chelsea fue condenada a 35 años en una prisión militar, pena que le conmuto Barack Obama poco antes de dejar la Casa Blanca.

Menos resulta relevante que el Partido Laborista demande a la primer ministro Theresa May “no extraditar a Estados Unidos al cofundador de WikiLeaks”.

Los laboristas han recordado a May como cuando era ministra del Interior en el gobierno conservador de David Cameron, impidió entregar a la justicia de Estados Unidos a Mckinnon, un joven británico que padecía síndrome de Asperger y que fue acusado por el sistema judicial estadounidense, en 2002, de infiltrarse en los sistemas informáticos del ejército de ese país.

Los laboristas han recordado en las últimas horas como las filtraciones de WikiLeaks expusieron las atrocidades den ejército de Estados Unidos en las guerras de Irak y Afganistán

Pero a Julián Assange le espera un juicio de extradición, según expertos, de más de dos años y en tanto, permanecerá en la prisión de Wandsworth, en Londres.

En 2010, el pirata informático divulgó en su plataforma de WikiLeaks 100 mil documentos clasificados relacionados con acciones militares estadounidenses en Afganistán y cerca de 400 mil documentos secretos sobre la guerra de Irak que le había hecho llegar la soldado Chelsea Manning.

Assange tuvo una orden de detención por haber violado sexualmente a dos mujeres en Suecia. En 2012 buscó asilo en la legación diplomática ecuatoriana para evitar ser extraditado al país escandinavo. El entonces presidente del país latinoamericano Rafael Correa, le concedió primero el asilo; después la nacionalidad ecuatoriana.

El australiano, de 47 años, niega las acusaciones de violación y ha asegurado en reiteradas ocasiones que los procesos suecos son “una trampa” para extraditarle a Estados Unidos, donde cree que existe una “causa secreta” contra él por espionaje, delitos informáticos y sustracción de documentos secretos.

Por tales acusaciones, caería sobre él una sentencia de muerte.

En 2017, los casos de agresión sexual prescribieron y Suecia se vio obligada a cerrar los casos, pero la orden pendiente “está viva”.

México no está a salvo de mensajes electrónicos secretos de Estados Unidos. WikiLeaks se ocupó de ellos y los difundió en su plataforma. Han sido considerados como “nueva revolución” y se concretan, en esencia, al tráfico ilegal de armas de alto poder que llegan, vía contrabando, a las manos de los cárteles de la droga, que mantienen a raya a las policías y ciudades donde operan, por el poderío de su armamento.

Julián Assange reveló la operación “Rápido y Furioso” que Estados Unidos implementó para dar seguimiento esas armas compradas libremente en establecimientos que las venden en el vecino país del norte, y que abundan, sobre todo en Arizona.

Bajo ese operativo gringo pudo saberse que hacia 2017 circulaban más de dos mil fúsiles de alto calibre sin registro.

Ante las quejas mexicanas, los interlocutores estadounidenses eluden el tema y responsabilizan, según mensajes de WikiLeaks debidamente codificados, a las autoridades mexicanas por su incompetencia, por el mal estado de los registros de armas confiscadas y por el desorden existente en las bodegas donde la secretaría de la Defensa resguarda los arsenales decomisados al crimen organizado.

El caso Julián Assange y su WikiLeaks es más político que judicial. Y si Gran Bretaña no lo extradita tendrá serias fricciones políticas con Estados Unidos.