#Metoo, género o salvajada

revista4Q / 08 de 04 2019 / Por Juan Chávez

El mundo se desmorona, está en pleno desbarajuste. El cambio climático no tiene nada que ver… aunque estemos cerca de los 400 mil años en que los científicos aseguran se presenta, sin decir “ahí les caigo”, y sin que la mano del hombre tenga algo que ver.

El movimiento mundial #METOO (yo también), no alcanza a definirse. ¿Es la lucha de género real o es la salvajada anónima que le está pegando a todas las sociedades?

Donald Trump está en plena campaña por su reelección a costillas de México que no encuentra el camino con un presidente que asegura que las relaciones con Estados Unidos van a toda madre.

López Obrador nos metió en el lío del perdón de España por los agravios del ejército conquistador de Hernán Cortés que, de no haber sido por el gran apoyo que le brindaron los pueblos aborígenes que odiaban al imperio azteca, no alcanza la bendita gloria para la Iglesia y para la Hispania de la reina Isabel.

En la Conquista, seis de cada diez aborígenes lucharon contra los mexicas de Moctezuma II y la demanda de AMLO ha servido a la Cataluña para abrir más su separación de la España del rey Felipe VI.

Es decir, el presidente mexicano, con su absurda petición, alimenta la tremenda escisión que existe en el pueblo español. Le entrega herramientas a los catalanes de la Cataluña de Barcelona.

Luego, el político tabasqueño dueño de Morena, lanza pedrada al pueblo mexicano que sigue lamentándose estar tan cerca de Estados Unidos y tan lejos de Dios.

El odio al Tío Sam si ha sido el rencor que los mexicanos sentimos por esa nación con la que compartimos una frontera de más de 3 mil kilómetros y en la que en el área de McAllen, este jueves último, Trump empezó a construir su ansiado muro.

Esa primera etapa de su “suspirado sueño”, cubrirá 21 kilómetros con una inversión de algo así como 120 millones de dólares.

Quince estados de la Unión Americana, entre ellos California, se han manifestado en contra de la decisión de su jefe de Estado.

Pero Trump no se queda parado. Su rol es contra México porque así asegura la permanencia en la Casa Blanca por otros cuatro años. La amenaza ahora es el emplazamiento a nuestro país: un año de plazo para que contenga el narcotráfico o impondrá aranceles a las exportaciones mexicanas, sobre todo a los vehículos.

También intimida al país con imponerle una multa por el ilegal tráfico de drogas a Estados Unidos, que estima en más de 500 mil millones de dólares.

¿Se imagina? ¡De qué tamaño sería la sanción! No pagaríamos haciéndole al Santa Anna, vendiéndole al güero neoyorquino todo México, con sus enormes problemas, la violencia y la inseguridad en primer término, que no contendremos por muy piocha que vaya a ser la Guardia Nacional de AMLO.

Por si fuera poco, el partido en el poder, por conducto del malogrado Ricardo Monreal, aunque sea líder del Senado, promueve una reforma constitucional para que la Suprema Corte de la Justicia, en lugar de 11 ministros, tenga 16.

Se trata de una jugada política “muy al estilo de Nicolás Maduro”, para acaparar todo el poder y convertirse en el mandamás dominador de los tres poderes de la Unión mexicana: el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial.

AMLO pretende mandar sin que nadie lo detenga o estorbe. Quiere construir su cuarta transformación para hacer y deshacer, como lo hace el dictadorcillo de Venezuela.

Pero el mundo, decíamos, se desmorona. Gran Breña, con su brexit que no alcanza a digerir en su Parlamento y que la primera ministra Theresa May se esfuerza por posponer hasta junio la separación de la corona inglesa de la Unión Europea, va a sacudir no solo a la UE sino al planeta entero.

Años, muchos años, se llevaron los países europeos en la construcción de su unificado mercado y ahora que está próxima la salida de un importante miembro, no alcanzan a dimensionarse las consecuencias políticas y económicas.

En Corea del Norte, el heredero de la dinastía dominante desde que se desató la guerra que dividió al país en dos Corea, exige a Trump acelerar el fin de la negociación que se traen desde principios de 2018.

Es la presión de la Rusia comunista que ya asentó un pie en esta América nuestra, con el envío de una veintena de soldados rusos, supuestamente para arreglar la zona de misiles de larga distancia.

Pero también es la de la China igualmente comunista, que negocia con el país de Trump la tregua comercial que, si no es ampliada en sus tiempos, desatará consecuencia del tamaño de una guerra armada, porque está en disputa el papel de ser el “chingón” del mundo.

Sin embargo, aparte el terrorismo que no acaba de ser eliminado en el orbe, tenemos enfrente, todos los países, la aparición del grave fenómeno de las redes de la Internet, que están jugando un papel de supremacía en las relaciones comunes de las sociedades del mundo entero.

Es el #METOO (yo también) que unos consideran maligno y otros y otras el “gran escape” de la lucha de género que han emprendido las mujeres del planeta.

El desplante femenino por eliminar el machismo que le acosa sexualmente, se remonta a los tiempos de la Creación, cuando el Dios Jehová, misógino emperdenido, condena a Eva con los dolores del parto.

No repara la sagrada Biblia en que gracias a la intrepidez de la primera mujer en el Paraíso nació la curiosidad por saber que condujo a la ciencia al nivel que hoy le permite disputar la supremacía al Señor de allá arriba.

Dios le había prohibido a Adán probar el fruto del árbol de la sabiduría, sopena de no volver a dejar que la pareja comiera del árbol de la vida y, en consecuencia, los condena a la muerte.

Los quería, el Divino, como un par de zopencos por “su” eternidad.

Hoy, las mujeres no andan tras la protección divina. Ellas, han coronado con el éxito su movimiento #METOO, nacido una década antes de que la actriz Alyssa Milano convocara a las mujeres de todo el mundo a denunciar casos de abuso y acoso machista en Twitter, en octubre de 2017.

Ella, al dar voz a las féminas de todo el planeta, ignoraba que una década antes, le había dado vida al Movimiento Yo También la activista Tarana Burke.

En 1996, mientras trabajaba en un campamento para niñas, Burke escuchó el testimonio de abuso de una niña por parte de un familiar y no pudo hacerle frente. Esa fue la chispa que prendió “Me too Movement” (Movimiento yo también) centrado en mujeres jóvenes que han sido víctimas de abuso, agresión o explotación sexual.

El movimiento, sin embargo, cobró toda la dimensión que se le reconoce en la actualidad, a raíz del escándalo de abusos sexuales del productor Harvey Weinstein, acusado en sendos reportajes de The New York Times y The New Yorker de comportamientos que van desde el acoso hasta la violación de más de 40 mujeres.

Hollywood se sacudió… luego siguió el mundo entero, con miles de denuncias contra personajes de toda índole.

En octubre de 2018, al cumplirse un año del twitter de la actriz Milano, hubo manifestaciones en las grandes urbes del mundo. La manifestación del #METOO, no tiene precedentes.

Con todo, y aplaudiendo a las mujeres por su revelación contra la violencia, el desprecio, el acoso sexual y la violación de que son víctimas, hay un abuso del anonimato en las denuncias por las redes sociales, que han tenido consecuencias fatales.

No aludo al bajista del grupo “Botellita de Jerez” que acudió al suicidio por la acusación que una niña le lanzó, cuando ella tenía 13 años de edad y él 50.

El caso es menor, dado que la cuenta fue retirada de la Internet a pocos días después del suicidio y luego apareció la carta acusadora.

#METOO debe fijarse una normatividad propia que elimine el anonimato perjudicial y siga siendo herramienta de gran fortaleza en la defensa del género que el mismo Dios despreció y castigó.