¿Odiamos a España?

revista4Q / 29 de 03 2019 / Por Juan Chávez

No soy afecto, en mis comentarios, a ir más allá de los que integran la clase política, del presidente para abajo. No me gusta meterme con la vecindad. Pero siempre hay una excepción. Y este es el caso: la esposa del presidente, Beatriz Gutiérrez Müller, ha señalado que los españoles no son queridos, sino odiados en México.

Claro, sus palabras, su sentir es en apoyo total, como debe ser, a lo que su marido ha preconizado desde que se hizo pública la carta al rey de España, Felipe VI, para solicitarle pedir perdón a México por "los agravios de la Conquista".

Yo no odio a España. Soy consciente de que los grupos aborígenes se aliaron a los españoles para hacer posible que Hernán Cortés tomara la Gran Tenochtitlán y con ello sucumbiera el arrasador imperio de los aztecas o mexicas.

Y soy consciente también de que esa conquista, sin fanatismo ni tapujo alguno, nos dio entrada al mundo occidental al que pertenecemos. Es decir, estoy orgulloso de ser producto del mestizaje y de que ese pasado, con todos los desmanes propios de una guerra, haya derrumbado la torre de Babel que era nuestra nación antigua, con dioses al por mayor y decenas de lenguas.

Cada grupo étnico tenía sus propias divinidades y también su idioma. Adelanto que admiro la cultura de nuestros antepasados y que me seduce sobremanera la maya, cuyos adelantos en astronomía, matemáticas, la exactitud para medir el tiempo y aún en su divinidad Kukulkán, son sorprendentes y que la antropología, con las maravillas de la tecnología, apenas empieza a adentrarse en lo que realmente fueron los mayas hace miles de años.

Pero también me merece respeto y admiración, la cultura de España, que tiene sus raíces en las construcciones de los árabes, que las introdujeron a la Península en los tiempos gloriosos pero igualmente brutales del imperio otomano.

Y España, que yo sepa, jamás ha pensado en exigir o si usted quiere pedir, para suavizar el término, disculpas a la cuna de ese gran imperio (ahora Turquía) que utilizó la fuerza de sus ejércitos para extender sus dominios hasta la Hispania misma. Con todo respeto, señora Gutiérrez Müller le reitero que México no odia a los españoles.

Yo conviví, en mis travesuras periodísticas en El Nacional, con dos grandes españoles que el presidente Lázaro Cárdenas acogió, como a muchos intelectuales españoles, en aquellos tiempos del opresor dominio del dictador Francisco Franco. No podré decir nunca que odio a don Juan Rejano y a don Rosendo Gómez Lorenzo, españoles legítimos a los que el general Lázaro Cárdenas acomodó en la redacción de mí periódico, y de los que aprendí mucho.

Yo sí, como suele decir su esposo, no odio a nadie.