Fifílandia

revista4Q / 26 de 03 2019 / Por Juan Chávez

López Obrador que ha llamado a la reconciliación nacional más de una vez, no tiene remedio. El sábado, convirtió en mitin político la inauguración del estadio de béisbol Alfredo Harp Helu y la rechifla y el abucheo, no se hizo esperar. Y como todo lo polariza, calificó la manifestación en su contra como "la porra del equipo fifí".

Más de 80 mil espectadores lo abuchearon y silbaron y cuando los acusó de ser fifís y declaró "ponchar a la mafia del poder" con rectas de más de 90 kilómetros, y curvas, la rechifla se hizo ensordecedora.

Definitivamente, no pasó la "prueba del estadio", como ningún presidente la ha pasado, desde la inauguración del estadio Azteca que llevó a cabo el presidente Gustavo Díaz Ordaz, aquel 29 de mayo de 1966.

En el enorme estadio, construido por el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, se encontraban 110 mil espectadores que no perdonaron al mandatario haber llegado 25 minutos tarde y dar la primera patada al balón, en el partido América-Torino (de Italia) que quedó empatado a dos.

Surgió espontáneo el abucheo reprobatorio desde entonces, a toda figura pública que aparezca en un centro de espectáculos. Con AMLO no hubo excepción.

A un estadio, en un espectáculo deportivo, no se llevan acarreados. Es público masivo que ha pagado su entrada para solazarse en el juego y que rechaza al presidente en el momento mismo en que se anuncia su presencia.

El tabasqueño, que se vanagloria de que la ciudadanía toda lo quiere, lo protege y lo cuida, quizás haya aprendido que no todos están con él y que no todos lo cuidan.

Al aficionado al béisbol, el deporte que Obrador practica y para el que ha instituido un programa especial para impulsarlo fuera de la Conade, que es la institución a cargo de Gabriela Guevara para el desarrollo de "todas" las actividades deportivas, López Obrador le importó sorbete.

Le gritó "¡Fuera, fuera, fuera!" Y le rechifló y lo abucheó como el presidente no lo había escuchado.

Debo decir que no todo es "Fifílandia", aunque AMLO fustigue y ofenda con tal término a quienes no le aplauden y no están con él. Ciertamente ganó las elecciones con 53% de los votos registrados (más de 30 millones de sufragios a su favor) pero hay ocasiones en que, incluso muchos de sus seguidores, no ven con buena cara su presencia. Eso lo vivió en la inauguración del moderno estadio beisbolero al picharle la primera bola a Harp Helu, en medio de la escandalosa manifestación en su contra.

Quizá también esté considerando -aunque nunca lo dirá- que el rey Felipe VI de España, es el gran fifí porque ha rechazado su carta propuesta para que la Madre Patria pida disculpas a México por los "agravios" al país durante la Conquista. Una carta, en el mismo sentido, envió también al papa Francisco, para que pida perdón a México por las agresiones de la Iglesia al país que evangelizó a chicotazos y que con la Santa Inquisición mandó a la hoguera a quienes no creyeran en "Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo".

El gobierno español lamentó que López Obrador haya hecho pública tal petición y de inmediato, respondió: "La llegada, hace 500 años, de los españoles a las actuales tierras mexicanas no puede juzgarse a la luz de consideraciones contemporáneas".

Pácatelas, ¡un batazo de 4 esquinas de Su Majestad!

Algo así como la rechifla del nuevo estadio sede de los Diablos Rojos del México que, por cierto, perdieron la serie de dos partidos con los prospectos de los Padres de San Diego.