Re investigar caso Colosio

revista4Q / 25 de 03 2019 / Por Juan Chávez

El pasado viernes 23 de marzo se cumplieron 25 años del asesinato de Luis Donaldo Colosio, el candidato presidencial del PRI en 1994, que soñó con un cambio real y radical para México. Circula un novela gráfica del nefasto acontecimiento y ayer Netflix comenzó la serie "Historia de un crimen: Colosio".

"Veo un México con sed de justicia", precisó Colosio en su discurso inicial como aspirante a la Presidencia.

"Habló con el corazón el 6 de marzo y pagó con su vida", reza el tuit promocional de la serie de Netflix.

El expediente, recientemente desclasificado, señala las torturas a que fue sometido Mario Aburto Martínez que purga una condena de más de 40 años en el penal de Huimanguillo, Tabasco.

También figuran las numerosas contradicciones entre los testigos.

El secretario de Seguridad Pública, Alfonso Durazo, dijo esta semana que "no cree en la teoría de un solo tirador" que le metió dos balazos a Colosio, uno en la sien derecha y el otro en el estómago. 
Yo tampoco opino que solo Aburto haya actuado como "lobo solitario". Pienso que se maquinó un complot para eliminar a Colosio, el heterodoxo político priista que encarnó breve y trágicamente el sueño de una apertura democrática en el país.

¡Fue un crimen planeado! ¡Un crimen político!

Fue visto, en vida, como un enemigo de aquellos tiempos ominosos en que el PRI se mantenía en la cúpula del poder mediante fraudes electorales o como decía el pueblo, con "elecciones compradas". 
Ahora Durazo lanza su desacuerdo a la teoría de un solo matador de Colosio y el presidente López Obrador lo secunda. En su "mañanera" de este viernes pidió volver a investigar el artero crimen.

Y debe hacerse, con base en el desclasificado expediente (más de 60 mil fojas), pero también con dar respuestas que en 1994 quedaron colgadas en el aire, mientras a Aburto se le procesaba y torturaba psicológicamente. 
Se habló, en primeras instancias de dos Aburto y para mí, el que está en el penal no fue quien disparó sobre el candidato.

El verdadero asesino ya no está en este mundo. 
Pero hay inquietantes interrogantes sin responder:

¿Por qué el presidente Salinas de Gortari comisionó a Manlio Fabio Beltrones, entonces gobernador de Sonora, a que se hiciera presente en Tijuana y controlara la situación?

En Lomas Taurinas, al término del mitin, Colosio había sido brutalmente asesinado... aunque murió en el hospital

¿Por qué Camacho Solís no aceptó nunca la candidatura de Colosio?

¿Por qué Zedillo no acudió a Lomas Taurinas, como coordinador de la campaña de Colosio que fue?

En el mismo año de 1994 también fue asesinado Francisco Ruiz >Massieu, diputado electo por el PRI, que iba a liderar la Cámara de Diputados.

¿Y por qué Heriberto Galindo, también diputado electo, aparece en los dos crímenes?

En el de Colosio, iba a unirse al grupo en Tijuana, pero su viaje el mismo 23 de marzo, apenas llegó a Guadalajara. Los decires apuntan a que llevaba una maleta con 70 millones de pesos que el narco le había entregado "como aportación" a la campaña.

Pero el narco no mató a Colosio.

¿Por qué José Federico Benítez López, director de seguridad pública de Tijuana, es asesinado el 28 de abril de 1994, tan solo un mes y días de haber ultimado al candidato del PRI?

¿Por qué las hijas de Heriberto Galindo son secuestradas por los cárteles y estos exigen hablar por teléfono con Zedillo en Los Pinos?... 
Heriberto rescata a sus dos hijas al entregar el número telefónico que los narcos le exigían y el propio Zedillo le pide salir del país y encontrarse con sus hijas en una ciudad estadounidense.

Ese periodo sexenal la pasa Heriberto con nombramiento consular en dos o tres ciudades de los Estados Unidos. 
En las elecciones presidenciales pasadas Heriberto fue asesor de José Antonio Meade, el candidato del priismo perdedor.

Conocí, precisamente en 1994, a Durazo. Era coordinador de Comunicación Social en la secretaría de Gobernación y tuvo la encomienda de encabezar las reuniones interinstitucionales que con el representante de Javier López, gobernador de Chiapas, se celebraban todos los lunes por la mañana para trazar las estrategias de comunicación nacional e internacional que favorecieran el apaciguamiento del subcomandante Marcos y sus zapatistas en la selva chiapaneca.

El uno de enero de ese negro 1994 de los crímenes políticos, el EZLN había declarado la guerra al gobierno de Salinas y había atacado, en la noche de año nuevo, a Ocosingo, San Cristóbal de las Casas y otro municipio, con saldo de 9 muertos.

Yo fui el representante del gobernador de Chiapas y salvo la reunión de instalación de la interinstitucional, no volví a ver a Durazo.

La noche en que en San Andrés Larrainzar se llegó a un acuerdo con el subcomandante Marcos, luego de que aviones de la Fuerza Aérea Mexicana volaron sobre la ciudad, tuve que dar el reporte a la secretaria de Roberto Calleja, subcoordinador, porque no había quién más en la secretaría de Gobernación.

Ahora, Durazo debe abrir nueva investigación sobre el asesinato de Colosio. Y debe descubrir la verdad. Tiene, en la secretaría de Seguridad, los elementos de inteligencia que deben desentrañar el artero crimen que cerró a México la oportunidad de ese cambio radical preconizado por el desaparecido candidato presidencial.

Es para Durazo, además, la oportunidad de ganarse la candidatura para gobernador de Sonora, su estado natal, en 2021.