+Amenaza de "procedimiento administrativo" +Intolerancia ante opiniones o críticas a la 4T

SCJN silencia a jueces y magistrados

revista4Q / 19 de 03 2019 / Por Gustavo Cortés Campa

Lo difundió Claudia Mavel Curiel López, magistrada del Séptimo Tribunal Colegiado en Materia Administrativa de Jalisco. El tono es algo peor que admonitorio: "Todo aquel funcionario judicial que sea sorprendido con críticas al presidente Andrés Manuel López Obrador, será sujeto a procedimiento administrativo de responsabilidad".

Un audio difundido por el diario Reforma reveló que en un encuentro con magistrados de su circuito, Curiel les informó de la directriz girada desde la cúpula del Poder Judicial Federal -y autenticidad confirmada en fuentes judiciales- y precisó la magistrada que la advertencia fue comunicada por el director de la Asociación Nacional de Jueces y Magistrados de Circuito y Jueces Federales, después de una reunión con Alfonso Pérez Daza, Consejero de la Judicatura Federal.

"Pérez Daza -abundó Curiel López- lo citó en el Consejo para decirle que, de continuar con este tipo de actitudes que tienen qué ver con posicionamientos, comentarios, comunicados, en contra de AMLO o de la forma en que se está ejerciendo el poder, o de que haya ataques a nuestra independencia o nuestra autonomía, o que el ministro-presidente (Zaldívar Lelo de Larrea) esté alineado con él... se van a iniciar procedimientos en contra de quien continúe haciendo este tipo de comentarios".

LOS TRES PODERES... DE NUEVO SON UNO SOLO

El dos de julio a las 23:00 horas del año 2000, el régimen de la revolución mexicana reventó por las costuras.

Esa noche, a esa hora, el consejero presidente del IFE, José Woldenberg, dio a conocer al país el triunfo en las elecciones presidenciales del panista Vicente Fox Quesada.

El Pacto de 1929 entre las facciones revolucionarias, acordado para dar fin a las matanzas en guerritas intestinas por el poder y transmitirse pacíficamente la presidencia -o casi- quedó deshecho. En lo sucesivo, el voto popular definiría al presidente de la República.

Hubo júbilo entre los sectores modernos del país. Se liquidaba el sistema esquizofrénico que colocaba al presidente de México como un todopoderoso monarca -sin sangre azul- con un sistema democrático de fachada (muy deslavaba, por cierto) que nos había arrastrado a un país de cínicos y/o abyectos.

Nadie se atrevía a convertirse en el niño que podía decir que rey iba desnudo. 
En el extranjero, principalmente en universidades o instituciones de estudios político-sociales, el sistema mexicano lo mismo generaba risas sardónicas que asombro de académicos.

Salvo quizá dos casos muy notorios, a partir de 1929, los presidentes dejaban el cargo convertidos en nuevos millonarios, junto con los miembros de su pandilla.

El Pacto del 29 tomaba, en cierta medida, el modelo descrito por el ingeniero Bulnes en su libro El Verdadero Díaz y la revolución (1920), en la página 80, donde dice con asombrosa clarividencia: La mayoría de los próceres no viaja por las nubes; han luchado por el poder para obtener riqueza, honores, impunidades, y si respeta a un caudillo supremo es para 
evitar la anarquía y que el desfile en la presidencia de los héroes presidenciables, tenga lugar en el orden señalado por sus respectivos méritos. Estos seláceos son antirreleccionistas furibundos y su resolución es sombría e inquebrantable para matar al caudillo traidor que pretenda reelegirse". (Dato curioso: ocho años después caía Álvaro Obregón en La Bombilla acribillado por entre 15 y 20 balazos)

Los sobrevivientes a la matanza (1913-1928) pactaron un modelo para turnarse la silla: el presidente ejercería el poder casi absoluto durante seis años. Tendría derecho a enriquecerse en la medida de su ambición y descaro; podría enriquecer a su familia y compadres; podría ejercer Justicia de Califa (como el general Díaz) y tendría el derecho a la última palabra en torno a su sucesor.

Pero sucedió algo chistosísimo: el mismísimo promotor del Pacto, el general Plutarco Elías Calles lo mandó a la basura al día siguiente y se erigió en Jefe Máximo de la revolución.

Manejó como viles peleles a tres presidentes tan sólo de forma: Emilio Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio y Abelardo Rodríguez Luján. El cuarto, Lázaro Cárdenas del Río le salió respondón y terminó enviando al exilio a su protector.

Cárdenas reivindicó el Pacto del 29 y cerró el paso al caudillismo transexenal, aunque él mismo protagonizó un incidente poco comentado en círculos priistas: con escasísimos méritos militares reales, Cárdenas se creyó su propio mito e hizo el intento de ir a combatir en Cuba contra la invasión de Playa Girón diseñada por la CIA.

El presidente López Mateos le hizo "entrar en razón" cuando agentes de la Dirección Federal de Seguridad (DFS) impidieron el 
despegue de una avioneta en la que Cárdenas intentó volar hacia Cuba.

Hay intelectuales (de la reacción of course) que insinúan o afirman que en realidad, el Pacto fue diseñado por el embajador yanqui, Dwight Morrow y que el Jefe Máximo era a su vez, el pelele del diplomático, quien fungía, a decir del maestro Vasconcelos, como Procónsul.

En suma: Los presidentes surgidos de ese acuerdo tenían el control total del Poder Legislativo y del Poder Judicial, los que bailaban al son que les tocaba el Ejecutivo. Lo mismo los gobernadores, los líderes sindicales, la prensa y los intelectuales.

Pero la globalización comenzó a ejercer creciente presión sobre ese sistema ya ostensiblemente anacrónico. Las inversiones extranjeras comenzaron a cobrar mucha importancia y los inversionistas no estaban muy contentos con un sistema político que de la noche a la mañana podía cambiar las reglas, según el humor del presidente en turno.

Durante 18 años, los presidentes de la democracia: Fox, Calderón y Peña, dedicaron sus energías a negociar con el Congreso y los factores reales de poder (Ferdinand La Salle dixit) con fortuna diversa.

Pero el primero de julio de 2018, ganó las elecciones Andrés Manuel López Obrador, con amplísimo margen de votos y con mucha fuerza en las dos cámaras legislativas.

La amenaza a los magistrados y jueces es tan sólo un botón de muestra. AMLO tiene la firme intención de voltear al revés las manecillas del reloj.

Los 18 años de democracia pueden ser los últimos en muchos años por venir, con el dominio de la dinastía López Obrador-Gutiérrez Müller.


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