La cuesta fue en febrero

revista4Q / 05 de 03 2019 / Por Juan Chávez

Ya ni llorar es bueno. Se estrenó el gobierno "de la esperanza" y el bolsillo de las familias tuvo que soportar una "cuesta" que sí cuesta: en febrero subieron los precios y la vida volvió a registrar nuevo encarecimiento.

La economía sigue débil, en desaceleración. Lleva 8 meses continuos así, incluidos los tres del gobierno de López Obrador que ya prepara otro discurso "esperanzador" por sus 100 días sentado en la silla del águila.

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) dio a conocer ayer lunes los indicadores cíclicos del Indicador Coincidente y señaló que tal sistema señala que se llevan al hilo ocho meses de "retroceso económico".

Tal indicador se conforma con seis componentes, que son: el indicador global de la actividad económica, el indicador de la actividad industrial, el índice de ingresos por suministro de bienes y servicios al por menor, los asegurados trabajadores permanentes en el IMSS, la tasa de desocupación urbana y las importaciones totales.

Julio Santaella, presidente del Inegi, refirió en su cuenta Twitter que, a excepción del componente que se refiere a la tasa de desocupación, los otros cinco mostraron debilidad en el crecimiento económico.

"La actualización del Indicador Coincidente a diciembre profundiza la señala de la debilidad de la economía mexicana", acotó. En otras palabras, de jodidos pasamos a súper jodidos.

La economía no se dinamiza ni a madres. Ni con el salario mínimo duplicado en la zona fronteriza, se movió su acelerador, que es el consumo. Y es que, con precios altos en los comestibles, a las amas de casa no les alcanza ni para comprar jitomates o limones que este fin de semana se cotizó en $ 50.00 el kilo en cadenas de súper tiendas y los tianguis.

O sea, la carestía no mira a quien jode. Se lleva en las espuelas a los que tienen y a los que no tienen. Barre parejo y claro, al que le pega es al que no tiene y se suma a los millones de mexicanos en pobreza y empieza por consumir menos nutrientes.

La tortilla rasguña los 20 pesos y el pan bolillo, de plano, está por llegar a los dos pesos o disminuir más su peso que, conforme a Profeco, debe de ser de 60 gramos la pieza.

Lo central es que, mientras el secretario de Comunicaciones Jiménez Espriú se afana en vender el fierro viejo del aeropuerto que se construía en Texcoco y las firmas calificadoras bajan sus calificaciones a la economía de México, López Obrador con los datos que dice tener en su poder, descalifica a las calificadoras y les pone orejas de burro.

Además, las desafía: si dicen que vamos a crecer 2%, "yo digo que vamos a crecer 4%", señala.

Ya metió en su cuento al sector privado que se comprometió con él a "hacer historia". Pero una cosa son las intenciones y otra la realidad.

Los ideales son pacíficos; la historia es violenta. Y en esas andamos, con los bolillos y las tortillas por las nubes, fuera del alcance de los más de 7 millones de mexicanos que apenas ganan dos salarios mínimos, algo así como 2 mil 600 pesos al mes, y que son datos históricos que si cuentan