La pobreza franciscana + al acecho de la 4T

Sueldos, austeridad y riquezas muy explicables

revista4Q / 03 de 02 2019 / Por Gustavo Cortés Campa

En la década de los 80 en el siglo pasado, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos comenzó a registrar un alto índice de agentes en Europa asesinados. Era evidente que su identidad había sido descubierta por los soviéticos y eso solo era posible mediante un traidor dentro de la propia corporación de espionaje.

Se decidió investigar a fondo, porque el asunto era ya altamente preocupante. Curiosamente, la investigación no se encargó a un grupo de agentes corpulentos, osados, astutos, que recorriesen ciudades europeas en busca de pistas y peligros.

Nada de eso: como sucede en las novelas del británico John Le Carré, la tarea se encomendó a dos señoras de avanzada edad, con el auxilio de un jovencito, experto en asuntos de informática.

Comenzaron a averiguar vida y finanzas de decenas de altos y medianos funcionarios de la agencia. De pronto, un dato saltó en las computadoras: un alto funcionario, Richard Aimes, encargado de las misiones en Europa, había comprado una residencia en 600 mil dólares, algo que excedía con mucho sus ingresos como empleado gubernamental.

Se averiguó si recibió una herencia o si le pegó a la lotería. Nada de eso. Aimes, un operador de alto nivel en la CIA, experto en literatura rusa y en el sistema soviético, hombre clave en la agencia, era un traidor. Su desgracia comenzó cuando estuvo comisionado en Colombia, donde se casó con una dama de la aristocracia colombiana y eso le hizo sufrir las exigencias de la consorte, acostumbrada a los lujos.

El éxito de la investigación se basó en una antigua premisa anglosajona: Follow the Money.

¿LA AUSTERIDAD -O PEOR, LA POBREZA- GENERA HONRADEZ?

Durante muchas décadas -o más bien, sexenios- los gobiernos emanados de la Revolución, fueron austeros por necesidad: el país, destruido en el periodo 1913-1929 por las guerras intestinas entre revolucionarios se recuperaba con lentitud, entre otros detalles, por "el programa revolucionario" que consistía en algo peculiar: obstruir la libre iniciativa de los mexicanos para ganarse la vida y en cambio, propiciar grandes negocios sólo entre camaradas revolucionarios, sus socios y parientes.

El programa revolucionario era el reparto. Y lo hicieron a conciencia: se repartieron entre ellos haciendas, mansiones, tierras de cultivo, concesiones forestales. Pocos años después de la pax revolucionaria emitieron una ley de inversiones extranjeras con sociedad de mexicanos. Y los socios resultaron ser los revolucionarios. Ejemplos al canto:

El general Plutarco Elías Calles, el Jefe Máximo, resultó uno de los principales accionistas de la firma Mexican Telephone and Telegraph.

El obregonista Aarón Sáenz fundó Mexicana de Aviación y con la Comisión Nacional Azucarera controló la producción del dulce.

Otro ex presidente, Abelardo L. Rodríguez, fundó la empacadora de mariscos más grande del litoral del Pacífico, Productos Marinos de Guaymas.

Es toda una leyenda la forma en que el ex presidente Miguel Alemán Valdez surgió de pronto como un potentado, con negocios de todo tipo: hoteles de lujo, fraccionamientos de lujo como Ciudad Satélite, Tubos de Acero de Veracruz, y muchas otras sociedades con ex funcionarios de su gobierno.

El aguerrido revolucionario, Marte R. Gómez, apareció como socio de Worthington de México, S.A., gigantesca distribuidora de equipos industriales.

Y todos ellos, casi sin excepción ¿Con quiénes formaron familia? Con soldaderas no. Se casaron, por las tres leyes, con señoritas porfirianas de familia tan arruinada que ni huir a París pudieron. Carlos Fuentes, en su novela La muerte de Artemio Cruz, reveló la fórmula: "Me das lana y te doy clase; te doy clase y me das lana". Con dificultades, pero los revolucionarios aprendieron a comer con tenedor y cuchillo.

Y HABÍA MUCHA, MUCHA AUSTERIDAD


Pero en aquellas épocas trabajar en el gobierno era poco atractivo, al menos en puestos de la infantería burocrática. Sueldos míseros, prestaciones y jubilaciones muy escasas, además del peligro sexenal de quedar cesante porque los nuevos necesitaban "plazas" para su gente.

Pero se buscaba, como fuese, el empareje: hacerla cansada al ciudadano inerme con alargamiento casi infinito de trámites que debían salir rápido; vista gorda, mediante "una corta" a la ausencia de documentación exigible, etcétera. Era la búsqueda de la comida y los zapatos de los hijos, no la riqueza indebida.

Eso llegó a ser lo común, lo sabido, lo que pasó a ser parte de la contidianeidad de la vida del mexicano.

Así las cosas, en 1964 (final del sexenio de López Mateos y arranque de Díaz Ordaz) las mediciones del Producto Interno Bruto (PIB) de México le colocaban debajo del valor total de tan sólo una empresa de Estados Unidos: La General Motors valía más que el total de la riqueza nacional.

En la actualidad, nuestro país se mueve entre la décimo tercera y la décimo cuarta economía del mundo, por encima de no pocos países europeos.

Hace algunos años, un organismo financiero me encargó la elaboración de su anuario y para el caso, debía recabar información de todo tipo entre funcionarios, empresarios y líderes sindicales. Estaba en la oficina de cierto personaje de la CROM, entrado en años. La entrevista se desarrollo a tramos, entre la plática que el líder tenía con uno de sus colegas de otra organización, y en cierto momento, comentó: "Pues estábamos en Veracruz, y en una comida, nos propusieron la compra de una universidad. Discutimos el precio, hicimos cuentas y realizamos la compra. Es un buen negocio".

Y era de segundo o tercer nivel dentro de la CROM. Ahora la riqueza no se queda entre ex presidentes y sus socios, sino los líderes sindicales son ahora acaudalados negociantes, no sólo riquillos de barrio, como antes. Napito Gómez Urrutia no puede presumir de ser el único.

CUANDO LAS CUENTAS NO SALEN...


En su campaña, el presidente Andrés Manuel López Obrador prometió becas, pensiones, apoyos a campesinos, a ninis.

Alguien le vendió la idea de que "erradicando la corrupción" se conseguirían 500 mil millones adicionales para cubrir todas esas promesas. Pero a la hora de revisar las cuentas reales, sucedió que esos 500 mil millones no aparecieron por ningún lado.

Ilusionó a los ancianos al prometer que la tarjeta de Sedesol por la que cobran mil 200 pesos cada dos meses sería "al doble y mensual" y que podrían cobrar "a partir del primero de diciembre".

Pero llegó diciembre, enero y ahora febrero. Y la pensión de Sedesol (ahora Secretaría del Bienestar) no llega ni al doble ni mensual.

Prometió una tarjeta a los inválidos (discapacitados o con "capacidades diferentes"), que todavía no llega.

Tampoco el "precio de garantía" (¿?) para campesinos, y su "sueldo" de cinco mil al mes.

Y hace unos días "explicó": "Estamos haciendo los censos, dentro de unos seis meses pondremos definitivamente en marcha los programas".

Pero después, con un tono algo sombrío, sentenció: "Si los fondos no resultan suficientes, estoy dispuesto a pasar de la austeridad republicana a la pobreza franciscana.

El señor presidente presume con frecuencia de ser "heredero de Benito Juárez" e inclusive, ya en una ocasión se le soltó: "Es Juárez gobernando, es Juárez" (sic, sic).

Presume también conocer a fondo la historia de México. Pero Juárez, precisamente, fue quien dijo: "Les pago buenos sueldos a los funcionarios de mi gobierno, para que no roben".

Tal vez no funcionó la fórmula juarista en forma tan exacta como lo calculó, pero nunca tuvo la idea de que la austeridad o la pobreza podría combinarse con la honradez, una cualidad personal intrínseca del individuo, sin necesidad de disuasivos a manera de sueldos generosos.

Es como si la honestidad femenina dependiera de su situación patrimonial desahogada, lo cual señalaría a las muchachas pobres como prostitutas en potencia, por igual.

La práctica de lo que se denomina corrupción aparece en todos los países, pero en muchos eso es práctica deleznable, por lo cual se diseñan sistemas para prevención. Pero lo principal en esto es la educación básica, desde la familia. Los valores que se establecen en la conducta, en todo momento, en toda circunstancia.

En Suecia no hay ciudadano que pretenda dar un soborno a un agente de tránsito. En Italia no hay supervisores de boletos sellados en el autobús urbano, lo que debe hacer voluntariamente el usuario, pero nadie se sube sin un boleto en la mano. Digamos, en este caso, que la multa puede ser muy pesada, si se tiene la mala suerte de ser sorprendido viajando de gratis.

El problema en México es que la corrupción está en todos lados, no sólo en el gobierno. El ciudadano que tira basura en la calle, pese a tener un depósito a un metro de distancia; el automovilista que con la luz ámbar en el semáforo, en lugar de frenar, acelera para pasar el alto.

Todo comienza con la educación y en la familia. Pero en estos días y desde hace muchos años, un hombre o mujer decente en una familia, en una escuela, en una oficina, es visto como bicho raro. Como un extravagante o como un imbécil. Igual sucede en Morena. Allí hay personajes sórdidos como Bartlett, como Napito, como Fernández Noroña y muchos otros, como los grupos del pueblo bueno que bloquea calles y caminos para evitar que las fuerzas armadas capturen a huachicoleros.

Ese es el problema.



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