Las huellas de la tragedia

revista4Q / 22 de 01 2019 / Por Juan Chávez

Ya hasta el presidente López Obrador estima que la toma clandestina y la explosión fueron provocación "para desestabilizar su estrategia" antihuachicolera.

El número de muertos avanza (sumaban ya 91) y también avanza la incertidumbre. La Comisión Nacional de Derechos Humanos ha abierto una "queja oficial" 
por omisión de las autoridades, sin especificar qué autoridades.

Y es que la queja oficial no obliga a señalar al supuesto o supuestos responsables, pero el tabasqueño, más veloz que una bala, se puso el chaleco y estalló:

"Ya se recibió una demanda contra la secretaría de la Defensa Nacional, acusando al Ejército de inacción en el caso de Hidalgo de la CNDH... claro que se va a responder... pero así están las cosas".

Las cosas, como el estallido mismo, se están poniendo al rojo vivo y hay muchos que piensan, incluso, que se trató de un "huachicoleo oficial".

La toma clandestina de Tlahuelilpan ya era "vieja", aseguró el secretario de la Defensa Nacional y la presión, añadió, hizo más grande el piquete de tal suerte que el chorrito inicial se convirtió en chorrote y luego en la fuente de gasolina que generó los gases que dieron lugar a la explosión.

La gasolina, aseguran los expertos, no se prende. Puede apagarse un cerillo en un recipiente conteniendo el combustible. Lo que explota son los gases que produce, como sucede en un automotor que capta la explosión controlada de los gases, como fuente de energía para moverse.

Los muertos, a las 20:15 horas de ayer lunes sumaban ya 91 y abrían más espacios a las elucubraciones.

La zona de Tlahuelilpan constituye uno de los municipios más pobres del ducto Tuxpan-Azcapotzalco, que el Presidente se apresta a recorrer para intentar convencer a los pobladores que se alejen de la práctica huachicolera, ante la eminencia de que se repita la tragedia.

La ruta del ducto es de pobreza, lo que propicia las tomas clandestinas. Ayer se registró una más a 8 kilómetros de la que provocó tal cifra de víctimas.

El secretario de Seguridad Pública ha precisado el horario desde las 14:30 en que apareció el escurrimiento de gasolina, hasta la explosión y el cierre del ducto pasadas las 11 de la noche del viernes trágico.

Ese horario de Alfonso Durazo no hace más que abrir nuevas inquietudes y preguntas. Sobre todo, ¿por qué no actuaron los 25 soldados que se dice había en el lugar? ¿Por qué los refuerzos 
demandados llegaron cuatro horas después? ¿Por qué el temor a una confrontación? ¿Para qué, entonces, el Ejército formará parte de la Guardia Nacional? ¿Tendrá a la sazón los mismos temores y no se confrontará con el crimen organizado?

Huele mal. Huele mal todo. Y no hay manera de frenar el imaginario colectivo que se atreve a pensar en ese "huachicoleo oficial".