Helicopterazo, Ayotzinapa de AMLO

revista4Q / 28 de 12 2018 / Por Juan Chávez

Al 2019, hay que mirarlo con incertidumbre, con pesimismo. Habrá más violencia como respuesta a la pretendida Guardia Nacional; la inseguridad mantendrá en un hilo a la sociedad y la economía, ¡puf!, por los suelos.

La actividad económica crecerá muy por abajo del 2% que tienen como expectativa el Banco de México y el gobierno de López, y habrá más desempleo que el generado por la administración obradorcista con tanto corrido de la burocracia por la desastrosa "austeridad republicana".

Suman 14 mil los amparos contra el tope salarial impuesto por el Ejecutivo, algunos de ellos colectivos que subrayan el desempleado generado por el nuevo gobierno.

El dinero del Presupuesto no le alcanzará al Presidente para empezar a cumplir sus promesas y lo empezaremos a ver naufragar en sus sueños.

Su primer año de gobierno, apuntan analistas políticos y financieros, será un desastre.

El año nuevo nacerá con un fantasma para AMLO: el helicopterazo en que perdieron la vida la gobernadora de Puebla, Martha Érika Alonso y su esposo, ex gobernador y senador Rafael Moreno Valle.

No se trata de elucubrar. Se trata del espectro que se le apareció la tarde (14:40 horas) del día de la Noche Buena, cuando se desplomó el helicóptero en que viajaba a la ciudad de México la pareja poblana.

Es un fantasma, como el que se la apreció a Peña Nieto en su gobierno y que lo seguirá toda su vida.

La desaparición de los 43 normalistas que desgastó la imagen del antecesor de López Obrador, tendrá, en el accidente aéreo de Puebla, un reflejo semejante en López Obrador.

Han sido muertes, las de los estudiantes y ahora la de los esposos Alonso-Moreno Valle, que no se agotan, en la conciencia de la población, aunque se le presenten amañados resultados de las investigaciones, a conveniencia del gobierno.

Nació el arranque de las elucubraciones unas horas después del siniestro, cuando el responsable de Comunicaciones y Transportes de AMLO, Javier Jiménez Espriú, como si fuera experto y hubiera examinado los restos del helicóptero accidentado, declaró:

"No especular de ninguna manera con que se trata de otra cosa de lo que aparentemente es hoy: una falla en el aparato".

Trató, inútilmente, de que no le jalaran la cobija a López Obrador que, cuando Érika Alonso fue reconocida como gobernadora de Puebla por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, su jefe calificó la decisión como "un error" y la consideró además "equivocada".

También, está claro, intentó justificar la declarada ausencia del Presidente a la toma de posesión de la extinta gobernadora el 14 de diciembre. "No es conveniente ir a Puebla en estos momentos", habría dicho AMLO.

Tampoco asistió al homenaje póstumo que los poblanos, en la Plaza Victoria, rindieron a las cenizas de Alonso y Moreno Valle, y Olga Sánchez Cordero, la secretaria de Gobernación, tuvo que chuparse los acusatorios gritos de la muchedumbre congregada en la plaza:

"¡Fuera! ¡Fuera! ¡Asesinos!¡Asesinos!".

En redes sociales circuló la versión de que el helicopterazo "se llama justicia divina", dadas las acusaciones que surgieron en el mandato de Moreno Valle como gobernador de Puebla, al 
considerarlo ligado con el crimen organizado y de haber mandado a las fuerzas públicas a que masacraran a indígenas de la comunidad de Chalchihuapan.

A Morena, el partido que creó López para ascender a la Presidencia, se le recriminó en esos funerales de Estado a los desaparecidos.

El avionazo no registró explosivos, según rápido testimonio de peritos de la secretaría de Marina de AMLO, al que también, con rapidez inesperada, se acogió el responsable de la Seguridad Pública, Alfonso Durazo: Quedan descartados "explosivos externos", señaló.

Más lejos, sin embargo, fue el Presidente al considerar mezquinas las versiones difundidas por las redes sociales, con una imagen de aparatosa explosión de un helicóptero, como apoyo gráfico.

También, con su teatral petición de auxilio en las investigaciones de expertos de Canadá y la Unión Europea, algo para desconfiar más de las inmediatas declaraciones que soltaron los titulares de la SCT y SSP.

El armastrote oficial del helicopterazo empezó como las investigaciones del caso Ayotzinapa, pues.

Ahora viene la oficialización del interinato y la convocatoria a nuevas elecciones y es despreciable la conducta del líder del Congreso poblano, un diputado morenista que pintó de cuerpo entero la sumisión al autoritarismo de AMLO: "Consultaremos la opinión del Presidente".

En fin, un avionazo que desplazó de los medios el billonario presupuesto que para 2019, el mismo 
día del lamentable accidente, le fue aprobado al mandatario por la Cámara de Diputados.

El gasto público para 2019, el primer año de AMLO en la cúpula del poder, ascenderá a cinco billones 838 mil 59 millones de pesos.

Esa es la aprobación en el papel. Un tope que conducirá al presidente López, como ya lo hizo en los casos del Tren Maya y las dos pistas para ampliar el aeropuerto militar de Santa Lucía, el apoyo de los millonarios del sector privado.

Los casi seis billones de pesos, seis millones de millones de pesos para que quede claro, no le van alcanzar para cumplir el compromiso de promesas que ha echado en su costal.

En principio, el recorte a los órganos autónomos como el Poder Judicial, INE, CNDH, INEE, IFT, Inai, Inegi y Tribunal de Justicia Administrativa, le va acarrear serios problemas.

Esos entes habían presentado ya proyecto de sus gastos ajustados a las solicitudes de austeridad del obradorcismo.

Hay gastos obligatorios que sólo le dejarán una cantidad de dos billones para invertir en sus caprichos.

La suma de los gastos ineludibles alcanzará casi cuatro billones de pesos, entre los que destaca el pago del servicio de la deuda (intereses), por más de 800 mil millones de pesos. Otras cantidades chonchas se las llevarán el pago de las pensiones, participaciones y aportaciones a las entidades federativas. Además, la partida del ramo personal, que es el referido a las nóminas de los trabajadores al servicio del Estado y la administración pública.

No habrá pues margen de maniobra para el presidente López... con todo y que su "austeridad republicana" caminó en la cámara de San Lázaro, como él quería.

Aparte, muy aparte, están las protestas frente a su casa de Tlalpan que ha habilitado como residencia presidencial.

"Nunca, se quejó, yo protesté frente al domicilio de un funcionario", dijo y las redes sociales lo cacharon de inmediato, también en réplica a la acusatoria de mezquindad. Unos le respondieron que para mezquindad, la que él se gastó con su plantón de seis meses en Paseo de la Reforma que afectó con cientos de millones de pesos a terceros que no tuvieron vela en el entierro.

Pero lo más comentado en la Internet fue su desplantada queja frente a lo que considera su domicilio particular, sin aceptar que él ha convertido, por su necedad de cerrar Los Pinos, en un "pinito", como casa presidencial y que, por lo mismo, es ya residencia pública del Presidente. Si 
no, cómo explicar el estacionamiento de suburbanas blancas frente a su domicilio, permanentemente.

"No se queje, le respondieron". "Te están haciendo lo que hacías AMLO". "Aguanta vara, ya cerraste la que era la casa del Presidente".

Al paraíso de AMLO le están saliendo espinas. ¡Ni hablar! Y a lo mejor no aguanta las explosiones populares, de los campesinos sobre todo, principales víctimas de la "austeridad republicana".

2019, definitivamente, no será un año bueno para la mayoría mexicana. Y vamos a tener que tragarlo.