La tiranía del pueblo

revista4Q / 11 de 12 2018 / Por Juan Chávez

La primera en la frente, rezan los católicos, para que Dios nos libre de los malos pensamientos.

Para los ciudadanos de a pie y para los automovilistas, la persignada, con el caos en calles y avenidas de la capital, comenzó hacia las 9 horas, poco después de que el presidente López Obrador había celebrado, ayer lunes, la primera reunión con el gabinete de seguridad y la consecuente entrevista de prensa en Palacio Nacional.

La secretaría de Seguridad Pública del gobierno de la Ciudad se había cubierto de santa gloria al anunciar "al menos cuatro manifestaciones en la ciudad, el lunes 3", una de ellas frente a la sede elegida por el recién estrenado mandatario, para despachar los asuntos de su alta investidura.

Padres y madres de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, a quienes se unieron integrantes de diversos organismos de derechos humanos, en respaldo al acuerdo firmado por el Presidente que crea la comisión de la verdad del horrendo crimen de los normalistas que el pasado gobierno había cerrado con su "verdad histórica", se congregaron frente a la residencia presidencial.

De ahí, manifestaciones y cierre de la avenida Insurgentes, generaron problemas a la población. El Metrobús resultó afectado en las estaciones Félix Cuevas, Parque Hundido, Ciudad de los Deportes, Colonia del Valle, Nápoles, Polifórum, La Piedad, Nuevo León, Campeche, Sonora, Álvaro Obregón y Durango.

Los congestionamientos viales y molestias a los peatones invitaron a la reflexión y conclusión de que de nada sirvió el cambio en la Presidencia de la República.

La reaparición del Sindicato Mexicano de Electricistas, en la paralización de la gran avenida que cruza el Distrito Federal de sur a norte, fue evidente como para llamar la atención al nuevo gobierno y señalarle que hay considerables dineros que aún le adeuda la administración federal.

A mí, que en lo personal me dañó, advertí que muy difícilmente las cosas van a cambiar dado que las manifestaciones seguirán dándose a caudales, ahora directamente en las áreas que rodean Palacio Nacional.

Van a ir, tales expresiones ciudadanas, con derecho o sin él, a estallar frente a la residencia presidencial.

Tendremos que acostumbrarnos a ver invadidas las calles del Centro Histórico por contingentes manifestantes, dado que el presidente ha reiterado su respeto al libre derecho a manifestarse.

La cuestión central son las afectaciones que, sin ir a misa, la población tendrá que seguir apechugando por ese ejercicio tirano de grupos bien identificados y también "bien pagados, quién sabe por quién o quiénes".

López Obrador sabe mucho del costo de manifestaciones, como "las 4" que ayer paralizaron a la ciudad. Así que a los jodidos no nos queda más que aguantar.