Con AMLO, águila o sol

revista4Q / 30 de 12 2018 / Por Juan Chávez

Para México y los mexicanos, el gobierno en el que este sábado quedó encaramado su líder López Obrador, es eso: UN VOLADO, águila o sol.

Quiere el nuevo presidente, como todos los que se cruzan la banda tricolor simbólica del poder, cambiar el país y por eso, lo que llama la "cuarta transformación", será el cuento central de su discurso ya como mandamás de la nación.

Como el merenguero, en el águila o sol se juega un merengue o el pago de su valor sin llevarse el merengue a la boca.

El merengue, nomás por la simbología que con cinco personajes de la historia que aprendemos en la escuela, somos los 119 millones que residimos en el país y los más de 12 millones que viven en el extranjero y atiborran de dólares a la nación, con las chingas mecas que se ponen allende la frontera norte.

Morelos, Hidalgo, Madero y Cárdenas, son las figuras solemnes que parecen sostener a Juárez que, enarbolando la bandera nacional, aparece en el centro del logotipo guinda que identificará la administración lopista.

AMLO llama "cuarta transformación" al propósito sustantivo de su gobierno remitiéndonos a la primera, que encabezaría Hidalgo por la Independencia; a la segunda, con Juárez como motor de la Reforma y Madero, como el iniciador de la Revolución Mexicana, en la tercera.

En tal consonancia está la historia que a todos nos enseñaron y se enseña a las nuevas generaciones, en la escuela.

Más allá, no hay quién señale a Miguel Hidalgo y Costilla como el profundo conservador que da un grito de Independencia en Dolores Hidalgo arengando al rey de España de aquel 1810 con un ¡Viva Fernando VII!

Tampoco hay quien se atreva a señalar el lado oscuro de la vida de Benito Juárez, por cierto, el eje histórico en el que López Obrador sostuvo su campaña y siempre lo ha tenido como su "máxima inspiración", casi divina.

Nadie se ha atrevido a contradecirlo. Y se acepta ciegamente, como el gran indio zapoteco de San Pablo Guelatao, Oaxaca, que escaló la Presidencia de la República e hizo olas en la Reforma, fusilando a Maximiliano para acabar con el segundo imperio que la Francia de Napoleón intentó imponer a México.

Todos identifican a Juárez como el gran presidente dueño del apotegma "Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz".

Todo mundo piensa que Juárez pronuncio tal frase que aparece en un manifiesto a la nación del 15 de julio de 1867 y que fue un gran refrito de lo que el filósofo alemán Emmanuel Kant sostuvo.

Tampoco nadie reconoce a Juárez -el ídolo de AMLO- como traidor a la patria al impulsar el tratado McLane-Ocampo, con el que Juárez cedía todos los derechos a Estados Unidos para el libre tránsito comercial, militar o civil por territorio mexicano y le otorgaba un derecho de exclusividad sobre el Istmo de Tehuantepec, a cambio de ser reconocido por el gobierno de ese país como presidente constitucional de México.

Y es que Juárez no fue presidente electo y duró en la Presidencia 14 años de 1858 a 1872, hasta que murió de angina de pecho el 18 de julio de este último año en la habitación que compartía con su segunda esposa Margarita Maza, en Palacio Nacional, que el presidente López se apresta a

vivir en él porque la residencia de Los Pinos será abierta al público este sábado a las 10 horas para que el "pueblo vea cómo vivían los presidentes" antecesores a él.

Juárez fue un vende patrias, como lo fue Santa Ana.

De él se consigna que siempre estuvo a favor de la modernización y educación de los indígenas, pero nunca impulsó leyes a favor de ellos.

José Vasconcelos encontró mucha información sobre el indio de Guelatao favoreciendo a los Estados Unidos, en investigaciones que hizo en bibliotecas de ese país.

De Juárez se sospecha haber signado un tratado con Estados Unidos para que México no tuviera acceso a los avances de la tecnología durante 150 años, plazo que, de ser cierta la versión, habría concluido en 2009.

La "tercera transformación", según el nuevo Presidente, es la de la Revolución iniciada por Francisco Indalecio Madero en 1910. Madero fue un presidente débil que cometió el gran error de entregar la fuerza del Ejército a Victoriano Huerta, que lo pasa bajo las armas junto con el vicepresidente José María Pino Suárez.

Madero es también uno de los inspiradores históricos de AMLO, alguien que no atendió las alertas que Zapata le planteó cuando llegó a Cuautla para entrevistarse con el autor de "Tierra y Libertad".

En fin ¡y por fin!, ya tenemos a AMLO montado en su enloquecedor sueño: sentarse en la silla presidencial e iniciar, "para bien de los mexicanos", ha expresado una y mil veces, su "cuarta transformación".