CIFRAS DEL SEXENIO QUE CONCLUYE Y LO QUE VIENE

revista4Q / 23 de 11 2018 / Por JUAN CHÁVEZ

Peña Nieto deja un México ensangrentado por la violencia del narco tráfico que no supo contener.

Le fallaron proyectos como su Gendarmería (con elementos de las fuerzas armadas) y el mando único de las policías que existen en el país, federales, estatales y municipales.

Pero también la economía la deja bailando como trompo chillador.

La cifra récord de ejecuciones en su sexenio; tan solo este 2018 con 27 mil 792 ejecutados hasta el día de ayer y todavía le queda una semana en el poder.

Pero también entregará un enorme caudal de pobres que se debaten en la miseria y lo que más duele: la vida cara para la mayor parte de la población. Algo imperdonable y que tan solo en el mes en que se le acaba su presidencia, hay registros de dos alzas terribles: la tortilla que de 12 saltó a 16 pesos el kilo y el pan bolillo que de 1.50 subió a 1.70.

Lo que le llena la panza a más mexicanos, aumentó de precio en el sexenio que concluye pues.

Con López Obrador no veremos un México nuevo, por muchos espolones que le ponga a su salerosa "cuarta transformación", como llama al embarque que inicia el 1 de diciembre que ya está a la vuelta de la esquina.

Don Andrés, dicen los más pintados, navega con bandera de demócrata. La verdad es que se trata de un ente autoritario con serios bagajes de dictador.

Enrique de la Madrid, que deja de ser secretario de Turismo, ubica al próximo presidente de México como es, sin exagerar para nada.

Desde 2006 persigue la Presidencia a la que entrará, tras tres intentos, el primer sábado del mes de las posadas y de los santos peregrinos que vía migración nos invadieron por Adela al cruzar territorio mexicano miles de centroamericanos en busca del "sueño americano".

Peña fue un tibiazo de miedo y con Luis Videgaray "su supremo cerebro", toleró que hondureños, salvadoreños y guatemaltecos estén colapsando la frontera norte. Tolerante y temeroso, ese fue Peña como jefe del Ejecutivo.

Lo que viene con Andrés, no será la salvación para el país. Él corre, aunque su mal cardiaco y los 65 años que ya lo vencen, lo puedan parar en seco en un momento dado.

López pretende solucionar los problemas que agobian a México a mil por hora y con prisas, lo sabemos bien, no se avanza ni un milímetro.

López Obrador entra a la Presidencia con el disfraz que siempre lo ha caracterizado. Cambio de candidato violento y acusador "de la mafia del poder", para encabezarla ahora él. Así va a resultar.

Ese disfraz, se lo señaló De la Madrid Virgen, son las consultas que visten de democracia sus decisiones ya tomadas.

Su presidencia va a rebotar como un consultorio de ocurrencias.

"Haré lo que el pueblo me ordene", es su escudo somero e idiotizante. Se describe como ausente de la venganza y la va a ejercer nomás porque el pueblo "se lo dicte".

Vamos a tener en Palacio Nacional pues, a un medroso que se esconde detrás de un pueblo que luego de que pasen los primeros meses ni lo va a pelar.

Para desgracia de la nación, es alguien que se ríe de la inseguridad y se expone nomás porque se le ocurrió dar muerte al Estado Mayor Presidencial y todas las demás ocurrencias que iniciarán el tormenso desfile de su "desgobierno". Y espero equivocarme, por bien de México.