CONSULTA, COBARDÍA DE AMLO

revista4Q / 22 de 10 2018 / Por Juan Chávez

Llegar al 1 de diciembre es urgente ya para la población que está siendo hostilizada con los proyectos, propuestas y amenazas que a diario, como cascada, deja caer el presidente electo.

Y, más que nada, con las artimañas de que se vale para no tomar las decisiones que únicamente a él corresponden, como futuro gobernante de México.

No hay recato ni arrepentimiento en lo que todos los días recita López Obrador, como máximo Mesías salvador del México nuevo que pretende inventar con su "cuarta transformación".

Con la consulta lo único que ha conseguido es exponer su miedo a gobernar, a tomar las decisiones que sólo al gobernante corresponden porque es dueño de toda la información.

En una palabra, más que miedo, es cobardía para gobernar y por eso, como respuesta a los violentos que le dieron su voto, se refugia en lo que llama "consulta"; que sea el pueblo, según su parecer, el que resuelva dónde quedará ubicado el nuevo o los aeropuertos que la capital de la República está demandando.

Diego Fernández de Cevallos, en su opinión para el radio noticiero de José Cárdenas, calificó de "perversión obscena" de la democracia esa insistencia del electo por una consulta que no lleva para "su" Tren Maya ni tampoco para echar abajo la reforma educativa o para descentralizar a los burócratas y arrastrarlos a las provincias lejanas de la sede donde están sus raíces y sus familias.

Digo, si se me permite, que López, con esa perversidad, está prostituyendo la democracia que ubica, finalmente, en lo que diga "su dedito".

Si ganó la elección presidencial con más de 30 millones de votos, debiera aceptar que la ciudadanía ya le entregó su confianza para que gobierne, no para que consulte.

No es nada ético, desde luego, que se escude en lo que diga "la gente", cuando el proceso de "su consulta" es una trampa, dado que durará cuatro días y se montarán poco más de 500 mesas en otros tantos municipios para recibir las boletas.

Él habla de recibir unas 100 mil opiniones, en tanto el que será su vocero, Jesús Ramírez, habla de un mínimo de 500 mil. De cualquier forma no sería nada ético un resultado de cualquier cuantía, frente a los 30 millones de votos que lo instalaron en la presidencia.

La irreverente consulta no tiene equivalencia a la cifra de votantes que le dio el triunfo el pasado 1 de julio.

No va a representar, siquiera, el 1%.

Eso sí, es el retrato, sin opacidades, de cómo gobernará López.

En las redes apareció una foto de él en la que se le aprecia en tono reflexivo, y bajo la cual se lee el siguiente texto, más reflexivo todavía:

"No se lo digan a nadie pero... no tengo ni puta idea de lo que estoy haciendo".

Y es cierto. El humor popular lo expone como lo vemos muchos. Un presidente electo sin brújula, que con "su dedito" llevará al país al despeñadero.

Pero qué vamos hacer. Cinco meses de "aterciopelada transición", es mucho tiempo y como Peña Nieto, el saliente, no sabe siquiera como defender el gran proyecto de su gobierno, tenemos que tragarnos la campaña que ya nos tiene hasta el gorro.

"Juntos haremos que lo bueno siga contando", señala el slogan que se repite una y otra vez por las pantallas chicas y la radio.

En el "seguir contando", el peñismo lleva más de un año... sin considerar que lo bueno nunca ha sido noticia; que lo malo es lo que empapa los espacios y las columnas.


Lo malo, en los días que corren, es la consulta de López que rasga la ética política y que por ser así, los medios la persiguen endiabladamente.

No importa siquiera que se esté pervirtiendo la democracia, que López, digo yo, la esté emputeciendo con caminos que como "su consulta", no tienen un ápice de libertad republicana.

Es ardid antisistema aunque el electo esté adentro del sistema, como su nuevo director... aunque sea sin batuta, porque no sabe dirigir.

Y hay que revirar, para ahondar más en sus formas de lo que será su gobierno (¿desgobierno?) la obcecación por construir dos refinerías, una en Tabasco, y no exportar más crudo lo que significaría millonaria pérdida de recursos para las finanzas públicas.

Sobre todo, porque estamos ya inmersos en la producción de energía limpia, sea solar o eolítica, al margen de que la producción de vehículos eléctricos dejo de ser mito y ya está en la competencia contra los que envenenan el medio ambiente por quemar combustibles fósiles (petróleo o gas).

Hace por lo menos un par de décadas circuló en el mundo un estudio acerca de la inconveniencia de erigir nuevas refinerías; la conclusión era de que ya no generaban ganancias.

Ni Estados Unidos que ha recobrado su primer lugar como país petrolero, tiene en proyecto la apertura de nuevas instalaciones. Ni siquiera proyecta reabrir las más de cien que ha cerrado en los últimos diez años.

López tiene metido en la sangre el "gasolinazo" y está seguro de que con refinerías, México se hará rico. Es un sueño petatero, del petatero más grande que el voto ciudadano elevó a la presidencia de la República y que sin cruzarse la franja simbólica en el pecho ya dispone, vía su amañada "consulta", actos propios del Ejecutivo que todavía no es.

Chínguese la democracia. Muchos han de estar arrepentidos: ¿Para qué diablos voté por este destornillado manipulador atrapado por sus dichos improvisados y convertidos en "promesas de gobierno"?

"Lo puse para que gobierne, no para que me pregunte cómo gobernar. ¡Que no joda!".