la pobreza, ese gran negocio de ideólogos

FANTASÍAS ASISTENCIALISTAS Y RECETAS DE LA DEMAGOGÍA

revista4Q / 10 de 09 2018 / Por GUSTAVO CORTÉS CAMPA

Cuando llegó a jefe de Gobierno de la capital del país, Andrés Manuel López Obrador acuñó el lema: Los pobres primero. Frase corta que elimina a priori la necesidad de explicaciones ¿Quién podría objetar? Algún reaccionario de mente extraviada.


López Obrador repartió a mayores de 70 años tarjetas con 700 pesos para alimentos (ahora son mil 200); becas para estudiantes, apoyos para madres solteras, despensas de básicos, materiales para construcción. El éxito fue notable: varios millones de capitalinos se convirtieron en sus seguidores pero la pobreza ahí sigue.


Ahora es presidente electo de México y sigue preocupado por los pobres: ofrece duplicar el monto de la pensión federal para ancianos, la ampliará hacia los excluidos (beneficiarios del IMSS e ISSSTE); tarjetas por tres mil 600 mensuales a los ninis y dos mil 400 a estudiantes de media superior e universitarios, además de un nebuloso convenio con empresarios para que acepten aprendices con el sueldo pagado por el gobierno federal.


Más lo que se acumule de aquí a diciembre, cuando AMLO ya sea -¡finalmente!- el presidente de la República en pleno ejercicio de su mandato y, en lugar de prospectivas, revise los números reales del presupuesto.


López Obrador ha tenido y tiene actualmente asesores de todo tipo, con impresionantes calificaciones académicas. En ellos basa, al menos en público, la pertinencia de sus programas contra la pobreza. (No hablemos del combate a la corrupción, el programa de austeridad republicana, la revisión de todas las cuentas del gobierno anterior y la liquidación de la violencia criminal a cargo de amnistías y mediaciones entre bandas de delincuentes, proyecto no desmentido aún de la asesora Loreta Ortiz.)


Sin embargo, hay personalidades internacionales que han abordado el tema de la pobreza desde enfoques, digamos, heterodoxos, tanto con estudios académicos como de programas específicos en el terreno, con pobres de carne y hueso.


Estos estudiosos y activistas, que por cierto no gozan de mucho prestigio entre políticos y activistas progres, preconizan un postulado común: no es la caridad privada, ni la acción del Estado lo que puede eliminar la pobreza, sino la acción misma de los pobres, apoyados documentos de propiedad y por créditos, no necesariamente baratos, sino oportunos. Y los políticos, entre más lejos, mejor.


A continuación, se transcriben conceptos de quienes han manejado la heterodoxia en el tema de la pobreza y pueden aportar éxitos o sugerencias para abordar el asunto sin que haya de por medio gastos oficiales de miles de millones.


Yunus, el banquero por accidente Muhammad Yunus fue uno de los jóvenes que se llenaron de ilusiones cuando su país, Bangladesh, se independizó en 1971. Supuso que por fin se podía tomar las propias decisiones políticas, diseñar la sociedad a su gusto y "convertirnos en la nación de nuestros sueños".


Eso soñaba el joven Yunus en Estados Unidos, donde hizo el doctorado en Economía en la Universidad Vanderbilt con las becas Fullbright y Eisenhower.

Abandonó una prometedora carrera como académico en universidades ricas de Estados Unidos y regresó a su país. Pero los sueños iniciales en naciones recién independizadas "no siempre se dirigen en la dirección esperada? se pueden convertir en pesadillas". Y reconoció dos años después: "En lugar de mejoras, nuestra situación cundió en hambrunas... muchos murieron de hambre".

Yunus daba clases en una de las universidades de su país y en cierto momento, concluyó: "No sienta bien, no es agradable enseñar economía en el aula, explicarle a los alumnos las elegantes teorías y cómo pueden resolver todos los problemas económicos, para salir y no ver más que hambre y muerte. Uno se pregunta para qué sirven las teorías económicas de libro de texto si no son útiles para las personas que están muriéndose o a punto de morir, y no por alguna enfermedad en particular: se mueren porque simplemente no tienen un poco de comida? y pensé que no tenía sentido y que era totalmente inmoral enseñar aquellas teorías que no significaban nada".

Relató que fue por los pueblos "buscando una oportunidad para ser útil" y que logró ver muchas cosas, "pequeñas cosas que antes ignoraba". Así conoció la tarea de los usureros los que, prácticamente, convertían a los necesitados en esclavos. Lo poco que ganaban se lo quedaban los prestamistas.

"Así, pues -relata- tuve una idea: si les podía proporcionar ese poquito de dinero, probablemente las cosas iban a ser más fáciles". Manos a la obra, Yunus hizo un censo de 42 personas, quienes necesitaban en total 27 dólares. La sorpresa le dejó unos minutos paralizado: no podía creerlo, él, que disertaba con sus alumnos sobre miles de millones en planes gubernamentales.

Les dio los 27 dólares para que pagaran y se liberaran de los usureros. Que guardaran el dinero liberado de la deuda y que le pagaran cuando pudieran.

Así comenzó. Y luego, la lucha contra la burocracia de Bangladesh. Propuso la creación de un banco, y los funcionarios le miraban con estupefacción: "El profesor enloqueció de leer tantos libros en inglés", susurraban entre ellos.

El Banco Grameen finalmente nació en 1983, con la divisa de un capitalismo humanista. Puso en práctica masivamente el sistema de microcréditos, dio preferencia a las mujeres para que fueran, por lo menos, la mitad de los beneficiarios. Algo complicado en un país donde, por razones milenarias, las mujeres nunca en su vida habían tocado un centavo. Para 2005, el 95 por ciento de los créditos ya eran para mujeres.

Pocos años después, el crédito se amplió para vivienda, al mismo tiempo para programas de salud en la familia, que puede llegar a 600 dólares a diez años, con pagos semanales.

Hace 12 años, Yunus reportaba medio millón de créditos concedidos. Hay ya unos 150 países con sistemas de microcrédito tipo Banco Grameen.

Yunus recibió los premios Nóbel y el Príncipe de Asturias, pero el premio que más valora es ver como una idea surgida del desaliento y la desesperación ha rendido frutos gigantescos.

Zaid, el heterodoxo mexicano fue en 1979 cuando Gabriel Zaid, en su libro, El progreso improductivo, hizo levantar cejas y generó expresiones escépticas cuando no burlas, por su tesis de modelos de vida pobre y su feroz crítica que hizo a los cuantiosos gastos gubernamentales en ayuda a los pobres, que solo desperdiciaban recursos y, eso sí, hacía muy ricos a los burócratas.

En 2006, en un artículo en Letras Libres, reiteró sus ideas. Dijo: "Los pobres son empresarios de alta productividad, en proporción a sus recursos. Siguen siendo pobres, porque la compasión no sabe admirar: los ve como asalariados sin empleo, aunque no necesitan empleos, sino recursos para producir más. Pero no hay una oferta de progreso dirigida a sus empresas, microcréditos, medios de producción baratos, mejores tecnologías en pequeña escala, redes de información y de servicios para producir, vender y comprar mejor, trámites mínimos, leyes diferenciadas según el tamaño de las empresas para que el costo de cumplir no resulte desproporcionado o imposible.

"Lo que hay -subraya Zaid- es una oferta de ilusiones en las grandes ciudades o el extranjero, a donde emigran los que pueden. Así, la oportunidad empresarial se convierte en un problema laboral sin solución, porque la inversión necesaria para ocuparlos como asalariados es diez o cien veces mayor que la necesaria para aumentar su producción donde vivían".

Los planteamientos de Zaid son evidentes, en la medida que se hacen notar los contingentes de vendedores en las calles. Los grandes empresarios y los altos funcionarios los ven como un problema, no como la oportunidad de ofrecerles créditos pequeños, que pueden impulsar un micronegocio que los saque de la miseria y, en consecuencia, del hambre.

Y el próximo presidente sólo piensa en repartir dinero a fondo perdido. Buenas noticias, con eso, para las empresas cerveceras, de papas fritas y... vendedores de yerba santa.

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