Para los pejistas las encuestas son "sospechosas"

COMIENZAN LOS PRONÓSTICOS DE FRAUDE

revista4Q / 16 de 05 2018 / Por Gustavo Cortés Campa

Es curioso, pero cuando se podría suponer que en los bastiones periodísticos -y de otra índole- de Andrés Manuel López Obrador estarían en estos momentos campeando el optimismo cuando no la euforia, dado que todas las encuestas suelen colocarle con un mínimo de 12 puntos porcentuales de ventaja a 46 días de las elecciones, pero en cambio hay síntomas de preocupación, de pesimismo y, en consecuencia, los señalamientos de "un fraude electoral en proceso."

En el diario La Jornada, órgano que ha sido desde hace 18 años el más fiel soporte propagandístico de AMLO, el columnista Julio Hernández López plantea una tesis que no se cuida de contradicciones, de un solipsismo forzado y a la vez, constituye el pronóstico de una derrota que en otros rumbos de la opinión publica nadie puede ver, al menos por el momento.

Para Hernández López resulta, a estas alturas del partido, "muy sospechoso" que todas las encuestas coloquen a AMLO con una ventaja tan amplia y que "el sistema haya permitido" (¡Sopas!) que así lo difundan los medios desde hace muchos meses.

Porque para los esquemas mentales de los pejistas, las encuestas de opinión son, en principio, fraudulentas. Manipulan resultados para favorecer "a quien les paga" y el cliente, en todos los casos, es "el sistema", o dicho en otra palabra "el gobierno de Peña Nieto". (antes era el de Calderón)

Así pues, las encuestas coinciden en colocar a López Obrador como un puntero muy aventajado. Pero según Hernández López, eso podría ser engañoso. Paradoja total: esas cifras que nos presentan al candidato de Morena como gran puntero y casi seguro presidente de México ¡Son falsas!

El columnista llega a esa conclusión dado que, con filosa perspicacia, se encarga de recordarnos que desde siempre, las firmas encuestadoras "siempre nos han engañado" y por ende, no es posible que ahora digan la verdad.

Y enseguida expone una maravillosa tesis: el gobierno de Peña es tan tortuoso, que elaboró, hace ya más de un año, un plan siniestro que dio luz verde a las encuestadoras para que colocaran ?falsamente, se infiere- a AMLO en primerísimo lugar.

¿Y para qué, nos permitimos preguntar? ¡Ah! Para así engañar a la colectividad ciudadana: porque si "el sistema" permite que se publiquen encuestas que el mismo AMLO, el beneficiario, las avala (pues cómo no, si lo dan ganador), entonces, se "prepara el viraje", que tendrá lugar cuando de pronto, los números se inclinan a favor del segundo lugar, favorecen a Ricardo Anaya, candidato de la alianza PAN-PRD-MC.

Todo eso, claro, manipulado desde el gobierno, con la complicidad de todas las casas encuestadoras, del INE y del TRIFE.

Y como durante muchos meses, AMLO, sus estrategas y sus fans señalaban con júbilo los números que los favorecían, cuando las cifra aparezcan con otra inclinación, pues "no tendrán manera de quejarse" porque "la gente cambió de opinión".

Se comenzará así "el fraude electoral" para impedir, por tercera vez, el triunfo de AMLO, el que vaticinaban "todas las

encuestas". (¿Pero no sabíamos que las encuestas, en principio, son falsas, no son creíbles de ninguna forma?)

Claro, ante esa pregunta, la gente de AMLO solo responderá con el recuerdo de la progenitora.


LAS ELECCIONES DESDE LA INDEPENDENCIA

Nuestro sistema electoral nació dando traspiés, como es, digamos, normal en un país con un elevadísimo nivel de analfabetismo, más del 90 por ciento, y por lo mismo, ignorancia total de los sistemas políticos.

Hasta 1824, el pueblo mexicano (o novohispano, pues) sólo había conocido la dura mano de la Corona, representada aquí por el virrey. Los hubo inteligentes, bienintencionados, pero también muchos rudos, tiránicos y ladrones.

En ese año se realizaron las primeras elecciones, pero no con voto "universal", sino por "colegio electoral", votaban los diputados de los congresos estatales. Pero los diputados, en vías de hecho, no eran electos por sufragio, sino por los gobernadores. El voto era reservado a los ciudadanos que sabían leer y escribir y eran propietarios.

Los candidatos y los resultados fueron los siguientes: José Miguel Adauto Fernández y Félix (Guadalupe Victoria), 78.0 por ciento de los votos; Nicolás Bravo, 21.4 por ciento. En la ley se había establecido algo que pronto tuvo consecuencias: que el segundo lugar en votos fuera el Vicepresidente. Pues bien: en su primera oportunidad, Nicolás Bravo se levantó en armas contra Victoria, pero fue derrotado en Tulancingo.

1829: Manuel Gómez Pedraza, 38.1 por ciento; Vicente Guerrero, 25.0 por ciento; Anastasio Bustamante, 17. 0 por ciento; Melchor Múquiz e Ignacio Godoy, 7.0 por ciento cada uno.

Pero en ese año tuvo lugar el "primer conflicto post-electoral" de la historia. Azuzado por Antonio López de Santa Anna, Guerrero "se inconformó" y reclamó "fraude". Estalló el Motín de la Acordada. El Parián, espacio donde había decenas de cajones de ropa y artesanías fue saqueado y quemado, y el Palacio Nacional fue invadido y parcialmente saqueado. El grito del populacho, convenientemente alcoholizado por sus patrocinadores, fue: ¡Vivan Santa Anna y Lobato, y viva lo que arrebato! Gómez Pedraza huyó al extranjero y Guerrero fue proclamado presidente. Pero quedó sujeto a la tutela del Ministro Plenipotenciario de Estados Unidos, Míster Joel Roberts Poinsett, quien le aconsejó expulsar a los españoles, dueños del capital que aún estaba en el México independiente, y el país padeció decenios por falta de fondos.

1833: Sólo hubo dos candidatos: Antonio López de Santa Anna, con 44.0 por ciento y Valentín Gómez Farías, 22.0 por ciento. A Santa Anna le aburría la tarea de gobierno y pronto se fue a su hacienda de Veracruz. El gobierno lo ejerció Gómez Farías, con la notable influencia del doctor José María Luis Mora. Se emitió una ley de educación muy avanzada, pero sin poder operar por la penuria del erario, y además, se clausuró la Real y Pontificia Universidad, fundada en el siglo XVI.

1836: Con la "Nueva Ley Suprema" o "Siete Leyes Constitucionales", de orientación conservadora, el pueblo aprueba la propuesta de una terna, pero los gobernadores liberales queman las urnas y no hubo cifras oficiales. Santa Anna nuevo presidente, cargo que abandona para ir a Texas, donde sufre el conocido desastre.

1841: Se lleva al cabo lo que se conoció como "Las Bases de Tacubaya", donde se discutió toda forma posible de gobierno, incluidas la monarquía y la dictadura. Pero Santa Anna echó todo abajo y fue de nuevo presidente.

1845: José Joaquín Herrera fue "el presidente sin mancha", boticario de origen, era un hombre decente, honrado a carta cabal, no quiso cobrar sueldo. Pero se vio envuelto en la desconocida "Intriga monárquica", en donde el ministro español, Bermúdez de Castro, en combinación con Lucas Alamàn y Mariano Paredes Arrillaga, movía las aguas para traer a México a "un príncipe de sangre", hermano de la reina Isabel II. Pero en paralelo, estaban los planes del presidente Polk de invadir el país. Fue obligado a renunciar y al abandonar su oficina, fue al Monte de Piedad a empeñar su reloj.

1847: El año terrible. Con el sistema de 1824, se enfrentaron Santa Anna y Gómez Farías. No hubo cifras, pero sí en cambio una serie de desastres que culminaron con la pérdida de más de la mitad del territorio.

Después de la ignominiosa derrota, sucede que nadie quiere la presidencia, ni cargar con la responsabilidad de la derrota ni del Tratado Guadalupe-Hidalgo. El general Pedro María Anaya renuncia y lo sustituye el presidente de la Suprema Corte, Manuel de la Peña y Peña.

1848: De nuevo se elige a José Joaquín Herrera, quien poco después entrega la silla a Mariano Arista y éste traspasa la "papa caliente" a Nicolás Bravo.

1853: Entra de nuevo Santa Ana, con el periodo "de la dictadura". El proyecto es de Lucas Alamán y se avisora, por fin, un gobierno con un plan sensato para enderezar el rumbo del país. Pero Alamán muere repentinamente y todo se frustra.

La Revolución de Ayutla coloca en el poder a una gran élite de políticos muy preparados y decididos. Se proclama la Constitución liberal de 1857 y, no obstante que el artículo 15, que debía establecer "la libertad de cultos" queda en blanco, el clero intercede ante la madre del presidente Ignacio Comonfort, la que obliga a su hijo a darse "un autogolpe" al abrogar la Constitución. 15 días después estalla la Guerra de Reforma.

En 1861 hubo de nuevo elecciones. Benito Juárez ejercía el mando por ministerio de ley, porque era presidente de la Corte al caer Comonfort. Las cifras fueron así: Benito Juárez, 54.0 por ciento; Manuel Doblado, 5.0 por ciento y algo curioso: el favorito del Partido Liberal, Miguel Lerdo de Tejada, ya fallecido, tuvo 20.0 por ciento.

Juárez se quedó 14 años en el poder. En total, tuvo 21 ministros de Relaciones Exteriores; 23 de Gobernación; nueve de Justicia; ocho de Fomento; 15 de Guerra y Marina y 20 de Hacienda.

En 1871, Juárez ya estaba minado por enfermedades y sus colaboradores le recomendaban no presentarse otra reelección, pero lo hizo. Ganó con más de 50 por ciento, manipuló los números y los resultados oficiales los dio conocer cinco meses después de los comicios.

Y exactamente un año después falleció.


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