+ Los muertos han votado desde endenantes + Los requisitos para independientes: ópera bufa

Una consecuencia ¿El Trife ya enterró a Meade?

revista4Q / 16 de 04 2018 / Por Por: Gustavo Cortés campa

La discusión en el Colegio Electoral de septiembre de 1964, cuando se calificaba la elección de Gustavo Díaz Ordaz como nuevo presidente de la República, estaba en su punto fuerte.

El diputado panista Miguel Estrada Iturbide (1908-1997) estaba en la tribuna de la Cámara de Diputados. El michoacano no era descendiente del consumador de la independencia, Agustín de Iturbide, pero curiosamente, sí del suegro de éste, Isidoro Huarte, padre de doña Ana María Huarte.

No era cualquier diputado: fue fundador del PAN, junto con Manuel Gómez Morín y Efraín González Luna ("La Triada Fundadora", les decían) y además, era considerado, inclusive por priistas, uno de los grandes oradores del PAN, junto con Luis Calderón Vega, padre de Felipe Calderón.

Estrada Iturbide estuvo en la tribuna excedido con varios minutos más de los concedidos por la presidencia de la Cámara, porque se dedicó a dar lectura a decenas de páginas con nombres de ciudadanos que estaban registrados como votantes a favor de Díaz Ordaz.

Pero había un problema: todos esos nombres, una muestra de las centenas de miles -precisaba el diputado- correspondían a mexicanos fallecidos.

En el proceso electoral de 1964 el candidato oficial no tenía problema alguno. Era un funcionario de carácter seco, casi hostil, feo y de talante autoritario agudo. Pero eso no era obstáculo de ninguna clase. No tenía necesidad de ganarse el voto: su triunfo estaba decidido por anticipado y el grueso de la población lo daba por hecho, y podría asegurarse que una alta proporción de ciudadanos veían bien el sistema.

El problema era de otra índole: de la simulación, de la mascarada sexenal que debía cumplirse como ritual religioso. Debía simularse "competencia" político-electoral.


Y había sucedido algo que tenía muy molesto al candidato Díaz Ordaz: circulaban versiones de que el Partido Acción Nacional muy posiblemente no participaría en las elecciones, como una reacción, precisamente a la simulación. Una fuerte corriente de panistas estaba en contra de participar para no seguir siendo "el partiquino" de una ópera bufa o -algo parecido- con la que "se insultaba al pueblo mexicano".

Entonces, Díaz Ordaz citó a su oficina a un personaje que, en diversas formas, participaba en esa ópera bufa: Mario Guerra Leal, a quien le encomendó la tarea de formar el "Partido Anticomunista Mexicano" (PAM), a manera de recurso de última hora, en caso de que en la Asamblea Nacional panista los delegados aprobasen no participar en las elecciones.

Guerra Leal salió de la oficina del candidato con una maleta repleta de billetes y se dio a la tarea, o al menos así lo asegura en su libro de memorias titulado "La Grilla", de formar el Partido Anticomunista Mexicano. Pero el caso fue que en la Asamblea del PAN no se aprobó la propuesta de no participar en las elecciones, acatando así la consigna de Gómez Morín de que "la conquista de la democracia en México será una brega de eternidad".

Fue investido como candidato presidencial José González Torres, un abogado católico fundamentalista, de quien se rumoreaba que al contraer matrimonio pactó con su consorte "un voto de castidad". (Cualquier cosa que pudo ser eso).

Otro problema que enfrentaba el candidato Díaz Ordaz era el abstencionismo, porque después de la brutal violencia en los comicios presidenciales de 1940 y el escándalo de 1952, el pueblo mexicano en general, pero principalmente las clases medias urbanas, habían optado por no acudir a las urnas.

Se organizaban "carruseles" de campesinos hambrientos, transportados en camiones de redilas hacia las casillas y en los sindicatos oficialistas (el 98 por ciento) se inauguró el ingenioso "voto estafeta": se entregaban las boletas días antes en los centros de trabajo, ya cruzadas por el PRI, y el trabajador debía recoger la boleta en blanco en la casilla, guardarla en su bolsillo y entregarla el siguiente lunes al líder sindical. Si no la entregaba, el despido era automático.

Aún así, no se conseguía el porcentaje necesario para el candidato oficial, que debía llegar al 90 por ciento, o más, de sufragios en su favor.

Por eso, se enviaban brigadas del PRI y de oficinas gubernamentales en todo el país, para recorrer tumbas en los cementerios y colocar a los difuntos en las listas de votantes por el candidato oficial.

Esa y otras triquiñuelas electorales se fueron eliminando paulatinamente. Con la reforma electoral de 1986, la oposición se anotó un importante triunfo, al lograr que se utilizara la boleta foliada. Además, se hicieron simulacros de votantes en casilla, y se comprobó que la lista de electores debía ser, como máximo, de 350 en total.

Sin embargo, en 1991, en San Luis Potosí y Guanajuato, con leyes electorales no actualizadas, se descubrieron casillas con cinco mil electores registrados, todos sufragantes por el PRI y la casilla cerrada a las cuatro de la tarde.

LOS MUERTOS DEL BRONCO

El agudo analista Macario Schettino publicó una columna en El Financiero donde afirma que el TEPJF "ha enterrado a Meade".

Curiosa evolución histórica del proceso electoral de México: A 54 años de distancia, de un candidato del PRI que echó mano de difuntos para conseguir votos, a otro candidato del PRI que, estando vivo, se convierte en cadáver político por un posible trastupije nada menos que de la última instancia en derecho electoral, el Tribunal de alzada que califica elecciones.

¿Cómo sucedió esto? Schettino explica que "la reforma política de 2007-2008 fue un retroceso que no sólo dañó seriamente al IFE (hoy INE) sino que convirtió al TEPJF en un elemento dañino. En los diez años que siguieron a ese error, la inercia evitó mayores problemas, pero en 2016 llega a su fin el experimento de pluralidad electoral con impunidad política. Finalmente, los electores decidieron castigar en serio a los saqueadores y el PRI perdió siete de 12 elecciones estatales. En donde eso ocurrió empezó la persecución de los gobernadores. Es importante recordarlo, porque no se detuvo a Javier Duarte o Roberto Borge por deseo del gobierno federal, ni es por ello que otros están prófugos o semiarraigados (el otro Duarte, Yarrington, etc.)".

Añade que en 2017, el TEPJF "validó acciones" en los comicios de Coahuila y Estado de México, tanto del PRI como del gobierno federal, pero que "ya antes (el Trife) se había dedicado a minar la credibilidad del INE anulando decisiones".

"Esta semana -añade- obligaron al INE a registrar como candidato a Jaime Rodríguez El Bronco, quien habría simulado o falsificado la mitad de los apoyos obtenidos. El argumento es que el INE no le dio derecho de audiencia en cada uno, de modo que no pudo corregir a tiempo.

"El TEPJF no sólo mina la legitimidad del INE sino del Estado mismo... hace tiempo había comentado que en 2018, un triunfo del PRI difícilmente sería aceptado por la mayoría de ciudadanos. Ahora parece que hemos pasado a la imposibilidad.

"¿Qué legitimidad tendría este tribunal después de lo que hemos visto? El TEPJF ha enterrado a Meade".

En este análisis, habría que tomar en cuenta que el Congreso, los partidos, con toda desfachatez diseñaron un método para incluir a candidatos independientes en las elecciones presidenciales, con requisitos sacados de algún sketch del gran cómico carpero Jesús Martínez Palillo. Cuadruplicaron -o algo más- el número de firmas necesarias para registrar un partido político, fijaron un plazo definitivamente imposible para conseguir las firmas, y con un procedimiento de tecnología celular que dificultó mucho su manejo en la práctica.

Luego entonces, hay otro villano en esta nueva ópera bufa: los legisladores que diseñaron este sketch carpero.

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