COMPUERTA

+ El rescate de la bandera + Soto y Gama la quiso quemar + Iturbide y Santana Anna

Revista 4Q / 15 de Septiembre 2017 / Por GUSTAVO CORTÉS CAMPA

Ángel Sánchez Santiago es un artesano de 57 años. Su figura en Internet le mostró como típico istmeño: rostro moreno, atuendo modesto, cubierto por el polvo que saturaba el aire de Juchitán, esa madrugada del viernes ocho de septiembre, después del terrible terremoto de 8.2 grados, diez minutos antes de la medianoche.

Ángel iba en busca de dos de sus hijas, para verificar si se encontraban bien. De pronto, vio que el otrora gallardo edificio del Palacio Municipal había desaparecido y había quedado reducido a una montaña de escombros.

Detuvo su marcha, angustiado, para observar lo que había quedado del edificio, orgullo de los habitantes de Juchitán. De pronto algo le llamó la atención. La punta de una barra metálica sobresalía. Se acerco y pudo ver que era la bandera que ondeaba arriba del inmueble destrozado por las fuerzas de las placas tectónicas.

Pacientemente, retiró escombros, polvo y trozos de madera. Levantó el lienzo, sacudió todo lo que pudo el polvo y la colocó fija entre los escombros. "La bandera nacional no puede quedar enterrada" pensó. Y siguió su camino.

Uno o dos días después recibió una emocionada llamada de su hermano Adán, desde Los Ángeles, California. "¡Eres famoso!", le dijo. "Apareces en todos los noticiarios de Estados Unidos".

Hasta ese momento, Ángel no tenía idea que había sido filmado y que si figura era "viral" en las "redes sociales".

El modesto trabajador que puede pasar varios días a la espera de que le encarguen algún trabajo de herrería o soldadura, tuvo ?y se mantiene- una difusión de su imagen que suele ser exclusiva para celebridades del espectáculo, el deporte, los negocios, cuando son captados en "premieres", bares, yates, haciendo desfiguros. Y que se pueden gastar en una tarde más de lo que Ángel podría ganar en todo un año.

LOS SÍMBOLOS PATRIOS

Nuestro país dejó de ser la Nueva España el 27 de septiembre de 1821 y se convirtió en "México" y poco después en "Imperio Mexicano". Así lo bautizó Agustín Cosme Damián de Iturbide y Arámburu, Arregui, Carrillo y Villaseñor. Y escogió una bandera con diseño copiado de la enseña de los independentistas de Vizcaya, porque Iturbide, el libertador, se consideraba a sí mismo "vizcaíno de pura cepa".

Cuatro años después, los liberales yorkinos, inspirados por míster Joel Roberts Poinsett, rebautizaron al país como "Estados Unidos Mexicanos", pero dejaron la misma bandera, con los mismos colores que significan "Religión, independencia, unión". El águila cambió de pose varias veces hasta quedar en la que conocemos ahora.

A finales de 1914, durante una discusión en la Convención de Aguascalientes, Antonio Díaz Soto y Gama, un tipo un tanto folclórico, extravagante y farsante, en uno de sus acostumbrados raptos histriónicos, tomó la bandera que presidía el salón de sesiones, mientras vociferaba con ojos vidriosos: "¡Lo primero que debemos hacer aquí, es quemar este indignante trapo iturbidista!".

Como la mayoría de los reunidos ahí no tenían mucha idea de la historia de México e Iturbide era solo una figura nebulosa, no pocos saltaron furiosos y echaron mano de la pistola (todos los convencionistas sesionaban debidamente empistolados, cómo no).

Otros más sensatos saltaron a cubrir a Soto Gama, pálido de pánico por las consecuencias no previstas de su exabrupto. No sin dificultades, los ánimos se calmaron, Soto y Gama sobrevivió y unos años después, con financiamiento de Álvaro Obregón y en sociedad con otro farsante, Gildardo Magaña, se dedicaron a fabricar el mito de Zapata, con la adjudicación del lema Tierra y libertad de los nihilistas rusos del siglo XIX (Zemlya i volya) y que jamás pronunció el caballerango favorito de don Nacho de la Torre.

EL HIMNO LO PROHIBIÓ JUÁREZ

La bandera de Iturbide y el Himno de Santa Anna son los dos máximos símbolos de la patria. Por su origen (no por un gusto literario-musical refinado) don Benito prohibió se tocara el himno a cuya confección convocó don Antonio López de Santa Anna, pero que por diversas broncas, nunca pagó honorarios ni a Jaime Nunó (la peor partitura, pero era cuate del presidente) ni a González Bocanegra.

El himno lo revivió don Porfirio Díaz y el presidente Manuel Ávila Camacho ordenó "una remasterización", se diría ahora. Se mutilaron siete estrofas (que aluden "De Iturbide la sacra bandera" y al "soldado inmortal de Zempoala") y por ley (¡Sopas!) solo se pueden cantar las autorizadas por don Manuel "El Presidente Caballero").

Pero todo eso le tuvo sin cuidado a Ángel, el herrero juchiteco. Él vio la bandera sepultada en escombros, la rescató y la recolocó, erguida y orgullosa de nuevo. Faltaba más.